PEREGRINANDO A CAMPO TRAVIESA
Jacobo I y el origen de la ley
En 1598, Jacobo I (1603 – 1625) publicó, la Verdadera ley de las monarquías libres. Allí afirmaba: por voluntad de Dios, “el Estado es propiedad de la dinastía familiar gobernante”.
En Romanos 13, 1- 5, Pablo defiende que todo poder proviene de Dios, pero eso no quiere decir que Dios sea monárquico, como creían en 1800 algunos obispos franceses exiliados.
En último término, todo poder proviene de Dios, pero, ¿la soberanía reside en el rey o en el pueblo?
Jacobo I no solo estaba convencido de encarnar la autoridad divina, sino que sostenía: para poder ejercer su oficio, el rey debía de estar libre de toda limitación parlamentaria, eclesiástica o de cualquier otra índole.
El autoritario Jacobo I afirmó arrogantemente: “es impío y sacrílego osar juzgar los actos de Dios y, por ello, temerario e imprudente que un súbdito critique las medidas tomadas por el rey”.
Jacobo apelaba a una concepción no criticada desde tiempos inmemoriales: el poder del rey provenía directamente de Dios.
Así lo explicaba citando el axioma: “el rey proviene de Dios, la ley, del rey” (“a Deo rex, a rege lex).
Los parlamentarios opuestos a Jacobo I podían invocar la Carta Magna inglesa del 1215 donde se dejaba claro, entre otros principios que: el monarca no estaba por encima de la ley, que su poder no era absoluto y nadie podía ser condenado El juez Edward Coke, juez supremo del reino (1552-1634), enfrentó a Jacobo I, postulando que el rey estaba sometido a ley y los jueces.
La ley común, afirmaba Coke, proviene de la jurisprudencia tradicional de los tribunales, no del beneplácito del rey. Coke no solo afirmaba la supremacía de la ley, sino que colocaba su fuente en las decisiones de los tribunales a lo largo de la tradición.
Por tanto, competía a los jueces, determinar si una ley del parlamento o del rey era justa. Así el rey quedaba sometido a la ley y a los jueces.
El fallo judicial –que se confunde con la ley—es supremo, y toda la constitución depende de él (S. Giner, Historia del Pensamiento Social, 1967, 1982, 265, obra extraordinaria disponible gratis en internet).
Dos jesuitas rompieron lanzas contra Jacobo y su exigencia: un idolátrico juramento de lealtad.
El autor es Profesor Asociado dela PUCMM

