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Puntos de vista jueves, 16 de julio de 2020

EL BULEVAR DE LA VIDA

“Lo mejor de cada casa”

  • “Lo mejor de cada casa”
Pablo McKinney
pablomcKinney@gmail.com

 Ahí están. Son hijos o nietos de J. M. Serrat y sus “malas compañías”, lo mejor de ca­da casa.

Provienen de una cla­se media bien formada en el hogar y la es­cuela; o de barrios empobrecidos, (pobrísi­mos) donde son la demostración viviente de la Resiliencia, de la que tanto hablan las psicólogas, sí existe. Son resilientes. Gue­rreros. Valientes. “Lo mejor de cada casa”,

Gente joven de años o de ideas, capaces de convertir sus fracasos en una oportuni­dad, un ensayo para la victoria.

Son la esperanza de un país desesperan­zado en crisis de confianza. Lo que es grave, pues lo peor que le puede ocurrir a un país, no es que sus ciudadanos dejen de creer en sí mismos, sino que, por hacerlo, estén dispuestos a creer en cualquier cosa, vaina o esperpento. Hay ejemplos. Precisamente por eso, tienen la históri­ca encomienda de reno­var una práctica política que éticamente ha tocado fondo y sucumbido al ren­tismo más perverso, que tiene en el Cofre­cito y el Barrilito congresual a su más vul­gar y pública expresión, solo superada por la asignación de dos exoneraciones de ve­hículos –de precio ilimitado– cada cuatro años. ¡Cómo justificar lo de “ilimitado”!

Todavía son una inmensa minoría, es cierto, pero ya representan “lo mejor de cada casa”, prácticas ejemplares, con dis­cursos esperanzadores, propuestas inteli­gentes y un pensamiento político liberal y progresista en un país tradicionalmente conservador, con unos fundamentalismos religiosos que pasan sin leer la página bíbli­ca que manda otorgar “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Eso. “Amar a los demás como a sí mismo”, oiga Ud., que es de amar y ser feliz sin joder a los demás de lo que trata este asunto de vivir con Buda, Jehová, Mahoma con Jesús y la María, no importa.

De esta esperanzadora nueva camada de políticos, que tienen el servir a los demás como ideología central, y a la honestidad personal como estandarte, espera mucho una sociedad que éticamente se ha queda­do sin fe, inoculada de corrupción en todos sus estratos, no solo en la política.

Pidieron una oportunidad y los ciudada­nos se la han otorgado. No tienen derecho a fallarnos, ni a fallarse. Pasó ya la hora de los hornos, este es el tiempo del ejemplo. “La mejor forma de de­cir es hacer”. ¡Adelante!