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Puntos de vista martes, 14 de julio de 2020

EL BULEVAR DE LA VIDA

El viceversa, presidente electo, el viceversa

  • El viceversa, presidente electo, el viceversa
Pablo McKinney
PABLO MCKINNEY

 Ahora que es oficial que el em­presario Lisandro Macarrulla será el ministro de la presi­dencia del próximo gobier­no, es buen momento para reiterar aquí, que uno saluda la existencia de los empresarios políticos, pero no vice­versa.

Al contrario de lo que ocurre con el poema homónimo de Benedetti, –arma de reglamento para vencer amores con­trariados–, en política lo de Viceversa es peligroso y nada conveniente. Y es que el problema no es el empresario que decide participar en un gobierno, sino el “compa­ñerito” que llega en Hyundai Sonata gris a un despacho oficial, y en 36 meses se decla­ra “empresario”.

El problema no es la participación políti­ca de un empresario, sino la sorpresiva ac­tividad empresarial de un político sin capi­tal ni suegro rico, para quien El Laurel es un árbol, y la Casa de Campo es una casa en la campiña. Aprender de errores ajenos es un acierto, presidente electo. Es por viejo que sabe el diablo. Abra el ojo. Y que le lleven copia de la declaración jurada, y que la in­vestigue a fondo el DNI para que no haya sorpresas. Aunque el estar “en olla”, como el estar enamorado, por más que se encu­bra mal se disimula.

Nada tiene uno en contra de los voce­ros empresariales que gustan de opinar de los asuntos públicos, sino contra esos políticos cuasi pobres que, enganchados a empresarios, al tercer año de gobierno llaman “colega” a los Vicini, “compañe­ros” a los Corripio y hasta quieren echar­le “guararé” a Felito García allá en la hi­dalga.

Toda actividad empresarial tiene al Es­tado como regulador del asunto. Por eso, todo empresario es un político del capital. Y es que, terminada en tragedia la utopía del Socialismo Real, los empresarios son los responsables de crear riquezas y generar empleos, y para eso hay que estar bien en­terados y opinar en sus medios, sus Cáma­ras, Consejos y almuerzos. (Por lo menos, a los almuerzos del CONEP y la AIRD asis­ten princesas andaluzas de Jaén, dominica­nas, y además, según me cuentan, brindan buen vino. Nada de santas, Rita, Carmen o Carolina.)

Uno saluda que los empresarios partici­pen en la gestión política de cualquier go­bierno, pero desconfía como un suegro, del político enganchado a empresario.

Que si así lo deciden, los empresarios, como los médicos, las psicólogas o los fon­taneros, se dediquen a la política pero no viceversa. Para Viceversa, el poema.