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Puntos de vista miércoles, 08 de julio de 2020

ORLANDO DICE...

Salve democracia

  • Salve democracia
Orlando Gil
[email protected]/@orlandogildice

 Las campañas preocupan has­ta el día de las votaciones. Las elecciones transcurren y no afectan hasta que se inicia el conteo. Después crisis electo­ral o mendicidad moral o nobleza política.

El pasado proceso no fue diferente a los anteriores, aun cuando discurría en medio de una pandemia, y si se quiere admirable, pues no hubo que tumbar a nadie del caballo. Cada jinete hizo la cor­tesía de lugar.

Aunque se trató de una experiencia nueva que habrá que asimilar, pues des­pués de tanto decir o decirse, el triunfo fue tan bonito que se atribuye al país.

Como toda promoción de curso, pasó quien llenó con mayor suficiencia el exa­men, sin usar chivo y sin que el jurado se descuidara. La presidencia para un solo ganador.

Una campaña en que solo la inso­lencia desbordó por momento, y que no hubo violencia física, pues no hubo oportunidad de coincidencia de cara­vanas en cruces de camino, al final se daña con un muerto.

Una vida que se pierde de manera inex­plicable y que se carga a diferencias políti­cas, aunque solo se conozca al fallecido o su militancia. Los causantes desaparecie­ron como por arte de magia.

Como a la Semana Santa, a la campaña todos los muertos se les pegan. Con un re­sultado tan del agrado de la gente, posible­mente ni se investigue.

Aunque se dispusieron medidas y hubo que someterse a un protocolo, el votante creó la circunstancia y se toma la experien­cia dominicana como referente para que otros países celebren consultas populares sin los temores que provoca el coronavirus.

La distancia entre el primero, el se­gundo y el tercero candidatos fue am­plia, tan amplia como para no dar espa­cio a la mezquindad. La Junta Central Electoral sigue contando, pero será pa­ra fines de registro y asignación de di­putados. Para fines de legitimidad, el pronto reconocimiento de los adversa­rios, elimina las ocasionales expectati­vas.

Ni angustia ni pereza ni inconsecuen­cia. La parte mayoritaria del electorado dictó un fallo y a la otra parte no le quedó de otra que aceptarlo.

La democracia no es camino, es puerto de llegada.