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Puntos de vista martes, 07 de julio de 2020

EL BULEVAR DE LA VIDA

Sin unidad no hay victoria

  • Sin unidad no hay victoria
Pablo McKinney
[email protected]

El PRM ganó las elecciones porque aprendió de sus derrotas. El PLD las perdió porque nada le enseña­ron sus victorias. Precisamente: sin unidad no hay victoria.

Uno lo advirtió hace mil años, pero nadie le escuchó: El PLD corre el peligro de morirse de sus éxitos, ahíto de tanto ganar siempre. Un partido comienza a perder el poder, en el mo­mento en que comienza a creerse sus propias mentiras. El ego es el enemigo.

No será uno quien va a recordarle a los dos príncipes del dividido PLD lo que tanto saben ellos que han sido, -cada uno en su tiempo-fa­vorecidos por la aplicación de la expresión: Sin unidad no hay victoria.

El PLD acaba de perder las elecciones 2020, por lo mismo que las ganó en 2016, y en 2004, 2008, y 2012: Sin unidad no hay victoria.

¿Qué ocurrió? Que al contrario de 2016, donde el PRM era apenas un PRD-Mientras tanto, débil institucionalmente y por lo mismo incapaz de unificar a la oposición; para 2020, ya fortalecido, apostó a la renovación y, lo más importante: redobló esfuerzos por unificar a la oposición. Y eligió para dirigirlo a dos chava­les de treinta y tantos y cuarenta y diez; y per­mitió (con el resabio de algunos) que brillara la estrella de Faride Raful; y abrió las puertas de una alianza a un estandarte ético como Eduar­do Estrella, y convenció a destacados periodis­tas y abogados de algo que nuestros campesi­nos plantean mejor que Castells y Sartori: “pa’ hacer espuma el hombre tiene que pararse (de­tenerse) a mear”; que no basta con asesorías se­manales y mediáticas ayudas. Así nació el mo­vimiento político “Coalición Democrática” que apoyó a Luis y al hacerlo otorgó credibilidad y sustento intelectual y mediático a su proyecto político electoral.

Con ese barrer pa’ dentro, con ese detener­se a orinar, con un partido unificado, y la ayuda de un PLD muertecito de éxitos, el hijo del Dr. Abinader se había convertido en lo que uno le había sugerido años atrás, en McKINNEY pa­ra COLOR VISIÓN, en el Antonio Guzmán de 1978, en el instrumento para un cambio políti­co y fin de un ciclo. Así andaban las cosas cuan­do el sabio Salomón, que anduvo por el PLD en 1999 y en 2016 evitando que el niño del Poder (morado) fuera sacrificado, esta vez fracasó en el intento, pero ese es tema para otro bulevar.