PEREGRINANDO A CAMPO TRAVIESA
Comprender nos capacita como intérpretes
Kant, en su Crítica de la Razón Pura, mostró cómo el sujeto incide en todos los procesos cognitivos. Ya los escolásticos medievales pensaban que todo lo que recibimos a través del conocimiento adopta la forma que le damos nosotros mismos (Quidquid recipitur, ad modum recipientis recipitur). Una vieja décima cubana refiere, cómo un echa días jamaiquino interpretó su primer encuentro cercano con un avión: “animal como elefante de la cielo ‘tá viniendo”.
Muchas clases de historia resultan aburridas, porque se reducen a enunciar interminables listas de personajes y batallas. Los estudiantes esperan que escampe, sin comprender ni relacionar lo que escuchan. Un joven definía así la historia dominicana: --es el estudio de una serie de personajes con nombres de calles.
Al enseñar historia, no empiece dibujando con el pincel fino fechas y personajes, vaya directo al asunto, pintándolo en su fascinante singularidad con brochazos que los muchachos capten y relacionen con sus saberes previos: estudiemos las revoluciones inglesas del siglo XVII.
Así comprenderemos: cómo por primera vez en Europa, un parlamento logró derrotar el absolutismo real cimentado sobre el derecho divino de los reyes. Por primera vez, le cortan la cabeza a un rey. Segundo, de qué forma una caballería e infantería acorazadas derrotaron con picas y arcabuces a los nobles y su caballería. Tercero, cómo Inglaterra lograría someter firmemente a las rebeldes Escocia e Irlanda.
Cuarto, cómo el calvinismo, la religión de muchos burgueses y ciudadanos corrientes, logró imponerse al anglicanismo, la religión de la monarquía y la nobleza, apoyada por los católicos y por el monarca europeo más poderoso, Luis XIV de Francia (1643 - 1715). Este período revolucionario nos explica, en quinto lugar, cómo Inglaterra llegó a ser la primera potencia naval hasta bien entrado el siglo XX, desplazando a Holanda y Francia.
Si en sexto lugar, miramos hacia el siglo XVIII, el siglo de la revolución americana y de la francesa, veremos, cómo las revoluciones inglesas ya obligaron a todo monarca inglés a suscribir una constitución y un conjunto de der.
Sin embargo, hijas de su tiempo, las revoluciones inglesas se aseguraron de que jamás ningún monarca inglés ni funcionario relevante fuera católico, ni tampoco los católicos tuvieran derechos civiles hasta 1829. Hasta aquí con brocha gorda, ¡ahora con el pincel!

