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Puntos de vista miércoles, 03 de junio de 2020

FUNDACIÓN SALESIANA DON BOSCO

Haz el bien, mientras tengas tiempo

  • Haz el bien, mientras tengas tiempo
LUIS ROSARIO

Esta frase fue dirigida a jó­venes, que con frecuencia piensan que tienen una larga vida por delante y se olvidan de que son muy pocos los años que tenemos a nuestra disposi­ción, aunque seamos unos muchachitos.

¿Qué si esta frase es mía? Nada más y nada me­nos que de Don Bosco, el Padre y Maestro de la Ju­ventud. De esa manera quería él llamar la atención sobre la necesidad de hacer de la propia vida algo que valga la pena, abandonan­do las frivolidades que ca­racterizan a este mundo,

Ni siquiera el consta­tar la fragilidad de la vida, manifestada a través de la pandemia y calamidades públicas, ha logrado cam­biar la mente de cacaíto no sólo de jóvenes, sino también de personas con experiencia de la vida.

El obispo de Hipona, San Agustín, se lamenta­ba, a sus treinta años, de que había conocido tarde la verdadera vida, de la que él empezó a disfrutar cuando conoció al Señor. Dio tumbos, saltos e hizo lo que le dio su real gana y todo le dejó vacío. Se “jar­tó” de todo y se dispuso a recuperar el tiempo perdi­do, trabajando por cosas que valían la pena.

No es raro dejarse lle­var del refrán; “A dónde va Vicente, a donde va la gente.” El mal parece con­tagiar más fácilmente que el bien y, cuando uno me­nos se lo piensa, si se des­cuida, puede encontrar­se siguiendo patrones de conducta que en nada contribuyen al crecimien­to humano y espiritual propio y de las personas que a uno le rodean.

El gran propósito de la vida debería ser hacer el bien, mientras tengamos tiempo. Al final los días se acortan y el tiempo no da para todo el bien que de­beríamos hacer a favor de los demás.

Desde cuando apenas tenía nueve años Don Bosco visualizó el camino comprometido que debía recorrer sobre todo para hacer el bien a los mucha­chos más vulnerables y a esa tarea se entregó con alma, vida y corazón.

Enseñó también a los muchachos a hacer el bien, por eso los conver­tía en colaboradores car­gando responsabilidades sobre sus hombros y en­señándoles que hacer el bien es responsabilidad de todos, no sólo de los adultos.