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Puntos de vista viernes, 29 de mayo de 2020

El cambio, más que una retórica

  • El cambio, más que una retórica
SORAYA CASTILLO

Al margen de lo que con­ceptualmente se pueda en­tender como cambio, una palabra muy de moda en esta campa­ña electoral, surge una pre­gunta que particularmente entiendo obligada: ¿Nece­sita República Dominicana una propuesta de cambio cimentada en promesas de ejeución de acciones y pro­yectos ya concretizados por las presentes autoridades?

Lo que necesitamos es continuidad. Esa que nos libera de incertidumbres y temores. En este avatar po­lítico que vivimos es muy frecuente escuchar a quie­nes sostienen la tesis de que es preciso “el cambio” para mejorar el Estado o resolver parte de nuestros proble­mas comunes.

Sin embargo, apelo a un llamado a la serenidad y a la unidad, para seguir por el rumbo que vamos tran­sitando. Los cambios a los que todos aspiramos se irán imponiendo, pero en ma­nos de quien nos garantice que nuestro país no caerá en el caos, ni tendrá un re­troceso.

Nuestra nación necesita de reformas en diversos as­pectos, pero siendo celosos del progreso que hemos lo­grado en diferentes sectores de la vida nacional, y con­tinuar esencialmente en el camino de la construcción de una mejor nación.

Debemos ser cautelosos, porque el “cambio” que se pregona podría alterar la confianza para la inversión extranjera, así como aquella destinada a mejorar la cali­dad de vida de las familias dominicanas, sobre todo aquellas de escasos recursos económicos.

O, también, la suspensión de logros en el sector de la educación, la inclusión so­cial y el apoyo a niños con capacidades diferentes, el desayuno escolar, la Tan­da Escolar Extendida y las Estancias Infantiles, entre otros.

Se ofrece “el cambio” para que el país se encau­ce por nuevos caminos. Pe­ro, ¿quién o quiénes deben llevar a cabo ese “cambio” en el supuesto de que fue­ra necesario? ¿Qué propo­nen los candidatos para lle­var a cabo el “cambio” con el que sueñan algunos, y pa­ra erradicar la tan recurrida plaga de la corrupción?

Estoy convencida de que sería el partido gobernante y su candidato el más apto para llevar a cabo ese “cam­bio” que reclaman algunos, puesto que ha demostrado el buen ejercicio del poder y el equilibrio que se nece­sita para bien dirigir los des­tinos de la nación. Y cómo decía el Dr Joaquín Bala­guer: “en política no sólo importa la obra ya hecha si­no la que falta por hacer”.

No me anima un de­seo de ofensa contra algún candidato, pero esos ofre­cimientos de “cambio” los asumo como un lenguaje discursivo poco novedoso y, por tanto, carente de ca­pacidad de convencimien­to. Sólo palabras, inventan­do milagros para resolver nuestras

 situaciones, con “tintas color de rosa”.

Lo que sí creo es que una nueva gerencia frente a las riendas de la nación queda­ría en manos de personas con apetencia voraz de dis­frutar de las mieles del po­der, olvidándose de valores como la ética en el manejo pulcro del erario.

Las interrogantes aquí expresadas serán respon­didas frente a las urnas, el próxijmo 5 de julio. Y serán respondidas por los domi­nicanos que aspiran a pre­servar un ambiente de pro­greso y oportunidades, de respeto a la vida desde la concepción, a la familia tra­dicional y a los valores hu­manos y cristianos.

Termino esta reflexión como siempre, cargada de optimismo en el triunfo de la República Dominicana, y confiada en la misericor­dia divina, con mi fe firme en Dios, para que ilumine nuestras mentes y sepamos elegir lo que más convenga, entre promesas y realizacio­nes.