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Puntos de vista martes, 28 de abril de 2020

PEREGRINANDO A CAMPO TRAVIESA

Subsidiariedad contra los estados depredadores

  • Subsidiariedad contra los estados depredadores
Manuel Pablo Maza Miquel, S.J.
mmaza@pucmm.edu.do

 El papa que me­jor ha definido la subsidiarie­dad fue Pío XI (1922 - 1939). En 1929, la Santa Sede y Mussolini firmaron los Pactos Lateranos, fin de la “Cuestión Romana”, pero ya para 1931 Pío XI denun­ciaba el carácter totalitario del Estado fascista italiano,

Mussolini se sentía lla­mado a restaurar la grande­za del Imperio Romano. El Rey y amplios sectores de la sociedad italiana le habían dado el poder en 1922. Pro­metía restaurar el orden. Muy pronto, “Il Duce” fue responsable solo ante el Rey. Desde 1925 Mussolini podía dictar leyes sin aprobación parlamentaria. Desde 1926 eliminó los consejos comu­nales y transformó a cada al­calde en un “podestá” nom­brado por él con aprobación del Rey. El 3 de abril de 1926 fue suprimido el derecho a huelga. Solo los sindicatos reconocidos por el estado, presidido por Mussolini te­nían derecho a firmar con­tratos colectivos. Desde el 8 de julio, 1926 todos los sin­dicatos quedaban encuadra­dos en el Ministerio de las Corporaciones presidido, us­ted lo sabía, por Mussolini.

El Estado de Mussolini en­gordaba tragándose institu­ciones y asociaciones. Pío XI recordó este “gravísimo” prin­cipio en la encíclica Quadrage­simo Anno, a los 40 años de la Rerum Novarum: aunque es cierto que las nuevas condicio­nes sociales ponen en manos de las grandes corporaciones las decisiones determinan­tes, “sigue, no obstante, en pie y firme en la filosofía social aquel gravísimo principio ina­movible e inmutable: como no se puede quitar a los indivi­duos y dar a la comunidad lo que ellos pueden realizar con su propio esfuerzo e industria, así tampoco es justo, consti­tuyendo un grave perjuicio y perturbación del recto orden, quitar a las comunidades me­nores e inferiores lo que ellas pueden hacer y proporcionar y dárselo a una sociedad ma­yor y más elevada, ya que toda acción de la sociedad, por su propia fuerza y naturaleza, de­be prestar ayuda a los miem­bros del cuerpo social, pero no destruirlos y absorberlos”. El principio establece que nadie debe meterse a realizar aque­llo que los individuos pueden y deben hacer por sí mismos. Exige también el respeto a lo que pueden realizar las comu­nidades menores. El Estado y las grandes entidades socia­les deben prestar ayuda a los miembros del cuerpo social, pero nunca destruirlos ni ab­sorberlos. El bienestar social florece en lo pequeño.

El autor es Profesor Asocia­do de la PUCMM, mmaza@pucmm.edu.do