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Puntos de vista viernes, 17 de abril de 2020

EL BULEVAR DE LA VIDA

El sabio Salomón y el psiquiatra que adivina el pasado

  • El sabio Salomón y el psiquiatra que adivina el pasado
Pablo Mckinney
pablomcKinney@gmail.com

 El informe de la auditoria de la OEA a las suspendidas eleccio­nes de febrero me recordó a aquel psiquiatra al que Facun­do Cabral definía como “un jo­ven médico judío, que no puede ver sangre y ADIVINA EL PASADO”.

Precisamente, de adivinar el fú­nebre pasado electoral reciente del país se trata el documento, y también de no dañar aún mas la dañada imagen del sistema po­lítico electoral que incluye a una JCE, con la que el país deberá mantener un relación de “ amor civilizado” de pura conveniencia sabinera, pues no es posible ni viable la sus­titución de los miembros de su pleno en los actuales momentos, cuando el Coronavirus ha postergado la política a un lejano segun­do lugar de importancia... y cuidado.

Las conclusiones del informe son un homenaje al sabio Salomón en sus es­fuerzos conciliadores.

Ahora resulta que no hubo frau­de, ni conspiración, ni hubo algoritmo de malas intenciones, ni plan macabro de un siniestro gobierno, ni componenda vil de una oposición fullera, porque todo se ha re­ducido a los posibles desaciertos de unos técnicos sin mayores intereses ni partido; al software de unos equipos, y muy especial­mente a un sistema de voto automatizado que en Enfoque Matinal CDN se nos pre­sentó al detalle con demostración incluida en más de una ocasión; hasta que llega­do el día, al país se le apareció en domingo un Emmanuel electoral y entonces... “todo se derrumbó”, lo improbable fue posible y por primera vez en nuestra historia política unas elecciones fueron suspendidas.

Entonces, ya lo saben: nadie es política ni penalmente responsable de lo ocurrido, salvo los informáticos del orga­nismo electoral... “y fueron muy felices”. En Netflix no sé decirles, pero en el cine, como el Sabina, uno las prefiere de roma­nos, con sus “juegos de manos”.

Allá lejos queda un técnico de una telefónica al que tuvimos a punto de fusilar penal y moralmente; como queda un ofi­cial policial a quien, con un poco más de ci­catero esperpento, lo habríamos sometido a una corte marcial, y todo por haber sido advertido de la planificación de un fraude electoral que ahora, -y gracias a las conclu­siones del informe preliminar de la audito­ría de la OEA- sabemos que pretendió co­meter mi dilecto Juancito Pérez Vidal, (a) Tito), del pueblo cordobés de Fuente Obe­juna. “Todos a una”.