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Puntos de vista jueves, 09 de abril de 2020

ORLANDO DICE

Veleidoso, voluble

  • Veleidoso, voluble
Orlando Gil

 No podría hablarse de los cam­biantes vientos del pueblo, pe­ro sí del votante veleidoso o del temperamento voluble del do­minicano.

Una brisita le muda el ánimo, y como no se sabe qué lo llevaba a pensar, opinar y actuar de una manera, tampoco de la otra.

Sin embargo, y es lo que preocupa, se advier­te una situación parecida a la de Tana, la Ma­ricutana, de “se me fue la liza después de aga­rrada”.

La pandemia provoca una circunstancia sa­nitaria, pero igual crea condiciones políticas nuevas, una Plaza de la Bandera de soplo di­ferente, o contrario.

Hablaba en la entrega de ayer del actual giro de campaña, y que no se parece notar, pero que ya se mide y cuyos números son omino­sos. Toña la Negra cantaba de Mujer a Mujer, Gonzalo Castillo y Luis Abinader de Cartera a Cartera, y el objeto en disputa sería la presi­dencia de la República.

Las encuestas tienen humores diferentes, y no es igual una de radio o de periódico que otra hecha por medios más sutiles o tecnolo­gía más moderna. Los resultados siempre se­rán los resultados y cada cual sabrá cómo car­ga su mochila, si al hombro o en la espalda, aunque la reacción del oponente será decisi­va. Lo que está ocurriendo ahora.

Nerviosismo evidente, carrera de ambulan­cias y hospitales de campaña para que las heridas curadas a tiempo no lleguen a mor­tales. Un viejo refrán cobra realidad política: No van lejos los de alante si los de atrás corren bien. No hubo tropiezo, nadie metió pie, tam­poco se redujo la velocidad.

Simplemente cambió la pista, y ahora los antiguos obstáculos se echaron de lado y se compite en un ambiente más despejado.

La sospecha llegó primero y de mano de la in­triga de por qué números viejos eran presen­tados como nuevos, y sobre todo, en medio de una angustia que no era electoral. Ahora sí es electoral. Subir tiene valor, pero no tan­to como alcanzar, empatar, y todavía más, so­brepasar, aunque por pocos puntos. Las ven­tajas al principio no asustan, pero sí al final. Ojalá la fábula no tenga moraleja.