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Puntos de vista miércoles, 01 de abril de 2020

ORLANDO DICE

Las experiencias

  • Las experiencias
Orlando Gil

 Los pobladores de un barrio de un país de América del Sur, cu­yo nombre no recuerdo ahora, se lanzaron a las calles a protestar, a pesar del confinamiento. Fue en reacción a lo decidido por las autoridades de entregar la canasta de productos básicos a contadas familias y no a todas, como era lo justo. El hambre no discrimina y se desespera fácilmente. Ese aspecto de la crisis, hay que reconocerlo, el gobierno dominicano lo ma­neja con sensibilidad social, inteligencia emo­cional y habilidad política.

Además de la costumbre.

No es lo mismo que la gente viole el toque de queda porque le da la gana, o no le gusta estar adentro de la casa, o quiere ponérsela difícil a la patrulla, a que se subleve porque no tiene qué comer. Una crisis de hambre no lo aguanta ningún gobierno. La masiva afluencia a bancos y a supermercados del pasado lunes lo dice todo.

Lo sucedido en El Salvador completa el cuadro. Si Dios no provee, y el gobierno tam­poco, la población baja tiene que salir a bus­cársela. Ese segmento es que asalta la Bas­tilla y desencadena situaciones que se salen de control. Mantenerlo tranquilo es forma de evitar una revuelta. Como la moneda tiene dos caras, la otra cara es que la oposición ve las manchas de la luna y denuncia el uso po­lítico de esos repartos. Ese sería un daño cola­teral consciente y difícil de neutralizar, pues –como dice el refrán– el que reparte y reparte se queda con una parte. Esa parte sería la po­lítica. ¿Qué hacer, pues? ¿Suspender los pro­gramas sociales, establecidos desde mucho antes de la pandemia, para que la oposición no diga y el gobierno no tome gabela?

El remedio sería peor que la enfermedad, pues se corre el riesgo de la peste del hambre, y este no sería el momento más apropiado para probar métodos de control social que se saben de antemano fallidos. Teresa de Calcu­ta aconsejaba dar hasta que doliera, y el go­bierno da sin que le duela, pero no dar provo­caría un mayor dolor.