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Puntos de vista miércoles, 11 de marzo de 2020

PLANIFICACIÓN Y DESARROLLO

Medicina y enfermedad

  • Medicina y enfermedad
Félix Bautista
@felixrbautista

La medicina es tan antigua como el origen del hombre. En principio, la práctica médica era mágico-religiosa, cuyas potestades eran de la exclusividad de los sacerdotes, clérigos y personal eclesiástico. “No podía ser de otro modo en un entorno en que lo divino regulaba lo humano”, escribió Roy Porter, destacado historiador británico, en su obra “Historia de la Medicina”.  Las enfermedades eran atribuidas a los males que castigaban al hombre, para cuya sanación había que utilizar métodos diversos. En la Edad Media, se estableció una especie de tabulación del cuerpo humano. Los religiosos ofrecían cada parte del cuerpo a un santo, mientras que los arcanos le asignaban un signo zodiacal.

Al final de la edad media (Siglo XV), se inició un proceso de urbanización, canalización y purificación de las aguas, y los servicios médicos se extendieron a la mayor parte del conglomerado social, lo que devino en acciones para que la atención a la salud fuera general, pública y gratuita. Para la época, la Lepra fue la enfermedad que más pánico causó en la población. Los leprosos eran aislados y los esfuerzos de sanación se concentraban en expulsar el mal o traspasarlo.

Otra de las enfermedades que causó inmensas preocupaciones en el Siglo XIV, fue la epidemia de la peste negra, cuyos efectos devastadores provocaron la muerte de más de 20 millones de personas en tan sólo tres años. Los difuntos eran sepultados en las afueras de las ciudades amuralladas, lo que provocó que las poblaciones vecinas se fueran retirando de sus lugares originarios, provocando migraciones masivas en el Mediterráneo.  Muchas ciudades quedaron despobladas y la explicación a la aparición de esta mortal enfermedad era que “Dios había enviado esa peste para castigar a los humanos por sus pecados. Por lo tanto, las soluciones dependían del rezo y de la magnitud de la fe”, según narra la catedrática española Natalia Fernández, en su obra “La Historia de la Medicina y de la enfermedad: metáforas del cuerpo y de las instituciones. De la Edad Media al Siglo XIX”.

En la Edad Media, la solución al castigo de las enfermedades denominadas pestes, era el desplazamiento a zonas lejanas no contaminadas con la enfermedad. A partir del Siglo XVIII, luego de la Revolución Francesa, los médicos asumen el papel de los sacerdotes y clérigos. Se inicia un proceso inverso, que implicaba aislar a las personas que padecían una enfermedad, en lugar de permitir el desplazamiento masivo de la población. A partir de entonces, la salud comenzó a ser de carácter público. Para la época, se decía que el “clérigo es un sanador de almas y el médico un sanador de cuerpos”. (Natalia Fernández).

En el Siglo XIX, conocido como la época del Renacimiento, surge una medicina más humana. La enfermedad más común de esa época fue la sífilis, “que en España se conoció´ como “el mal francés”, en Francia como “el mal napolitano” y en Nápoles como “el mal español”.  Las dificultades y desafíos para combatir la salud mental y el surgimiento de los fármacos fueron dos aspectos que surgieron en esta época. La química, que hizo posible la producción de fármacos y permitió dar una explicación más científica, sobre los mecanismos de funcionamiento del cuerpo humano, permitió combatir de manera más efectiva las enfermedades, y un mayor número de personas empezaron a recibir tratamientos para sus dolencias.