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Puntos de vista sábado, 22 de febrero de 2020

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Penosas realidades

  • Penosas realidades
Luis Encarnación
Encar-medios@hotmail.com

Las frustradas elecciones del pasado 16, como las fraudulentas primarias de octubre, debieron ser eventos normales, sin traumas y sin quejas de irregularidades, de haber tenido el país instituciones fuertes y una democracia funcional. Pero la realidad – muy penosa – es que ni una cosa ni la otra; solo tenemos una caricatura y la misma vieja aspiración, porque los intereses económicos y políticos que se suceden el tiempo impiden de modo recurrente que se apliquen y cumplan las más elementales reglas de juego, sin que los responsables en cada momento sean alcanzados por un brazo efectivo de la ley y la justicia. Solo alcanzamos a cambiar eventualmente de color partidario o de figuras en el dominio del escenario político, pero las malas prácticas o las apuestas al aprovechamiento desmedido de los recursos diversos del poder son los mismos, muchas veces sin guardar formas ni escrúpulos. Parece que retrocedemos, porque no superamos viejos males y mañas que nos alejan del camino de una cultura de fortalecimiento institucional. Por eso el fantasma de la trampa o del fraude electoral, no importa el sistema que se aplique o la buena intención de los árbitros del momento, sigue apareciendo y exhibiendo sus garras proceso tras proceso. Porque el mal no está en la sábana, sino en el cuerpo social, que está enfermo (¿), al no aplicársele a tiempo la “medicina” de la debida sanción o la consecuencia, cuando hay violación o falta grave. Se insistió y se impuso un sistema de votación que se sabía vulnerable. Mucho más, cuando hay de por medio un poder político que no quiere dar su brazo a torcer ni soltar amarras. Advertida a última hora de la acción de una “mano extraña”, la JCE – que debe terminar su trabajo- hizo bien al suspender todo el proceso, porque de hacerlo a medias hubiera abierto la llave al caos. Ahora, más que insistir con lo de “buscar al culpable”, lo que procede es abrir los ojos del país y evitar que, con torturas (¿), violaciones de ley y de procedimientos, se presente uno o dos “chivos expiatorios” para tirarle el muerto de otros, como se pretende, de manera chapucera, con el coronel al servicio de Luis Abinader y con el técnico de Claro. Que se entienda que ya los perros no se amarran con longaniza y que esas erráticas acciones se revierten contra sus autores. Por cierto, hizo bien el presidente Medina al despejar el ambiente de nuevos ruidos de unificar las elecciones, modificar la Constitución y algo más (?). Ahora, procede buscar consenso, abrir el ojo y no bajar las banderas. Encar-medios@hotmail.com