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Puntos de vista viernes, 21 de febrero de 2020

COLABORACIÓN

Gasset y la crisis del 90

RAMÓN PÉREZ FERMÍN

El proceso electoral del año 1990 culminó con una angosta ventaja de la candidatura del Dr. Balaguer sobre la del Prof. Juan Bosch; ello permitió que el Partido de la Liberación Dominicana exigiera con tono vehemente la renuncia del presidente electo de entonces, bajo la consigna de QUE SE VAYA YA.

El aporte de mayor significación que legó aquella infructuosa iniciativa,lo constituye la consolidación del derecho que tienen los grupos políticos y los ciudadanos de exigir la renuncia de cualquier actor del torneo cívico, a partir de la duda que se cierna sobre su estela como consecuencia de su participación en el proceso democrático.

Reconozco la integridad de mas de uno de los miembros de nuestro órgano regulador electoral actual, mas a partir de una serie de hechos sucesivos que han enturbiado la confianza electoral, la abdicación de estos se hace menester. Solo así podremos recuperar la ruta de la confianza en el sistema electoral.

El 6 de octubre del año pasado marcó el punto de inflexión de la percepción del desempeño del cuerpo colegiado que tutela nuestro sistema electoral, puesto que del proceso de primarias abiertas, gran parte de la sociedad salió con más suspicacia que certeza. La dilación en las decisiones prohibitivas de las actividades fuera de plazo de los pre candidatos, las diferentes versiones sobre el tiempo que tardaría contar manualmente los “vouchers” del voto automatizado, la procrastinación de las auditorias del proceso de octubre, el conato de renuncia de uno de los miembros del pleno en medio del impase del intramuros del PLD, la condicionante del consenso para la implementación del voto electrónico y su posterior matiz, los simulacros nacionales sin percances, así como el absolutismo con que el presidente de la JCE en la víspera del proceso electoral abortado aseguraba que el voto automatizado estaba blindado y purgado, sumado a las declaraciones del candidato presidencial del PRM y el presidente del PLD, quienes afirmaron posterior al fallido proceso, que la JCE había fracasado y que lo ocurrido había sido un sabotaje, respectivamente, colocan al regulador electoral en una virtual incapacidad de dirigir con legitimidad la solución que tiene que solapar la crisis sistémica que hoy padecemos, lo cual de paso debe dar el banderazo de salida para el montaje exitoso de los comicios de mayo próximo.

Descontada la solvencia ética y el palmarés que exhibe el pleno de la junta, ya Ortega y Gasset describía el drama circunstancial que se sintetiza en aquel reconocimiento del ser, las circunstancias y la supervivencia de ambos elementos. A partir de estas reflexiones, muchos sabemos que los procesos van más allá, mucho más que lo estrictamente personal.

Dicho esto, pareciera que en el caso particular, el camino expedito para la resolución sana del entuerto electoral que hoy nos abruma, empieza con la dimisión de todos los miembros del órgano como mecanismo de supervivencia de la circunstancia. Y es que, la nación se encuentra entrampada en una crisis que solo será superada con soluciones políticas.