AGENDA SOCIAL

InnovaciĆ³n para la democracia

Margarita Cedeño

En días pasados, Participación Ciudadana, el Instituto Tecnológico de Las Américas y Cámara TIC, con el apoyo de USAID y Fondo Canadá, presentaron al país el primer Laboratorio de Innovación para la Democracia, una iniciativa que promete elevar el debate público sobre las amenazas y retos que se ciernen sobre nuestro sistema democrático.

Para valorar este proyecto en su justa dimensión, es preciso reconocer que la democracia en todo el mundo está sometida a fuertes pruebas. Cada vez menos personas creen en las instituciones democráticas y cada vez más ciudadanos se declaran “indiferentes” al tipo de régimen en el que viven. En toda la región hay desencanto y frustración con las ideologías y con la democracia en sí misma.

Como es lógico en una sociedad moderna, la democracia se pone a prueba constantemente. Todos los días y en todas partes suceden actos y se generan situaciones que reclaman de nosotros, los ciudadanos, que actuemos en defensa de los principios democráticos.

En la actualidad una verdadera crisis que nos debe preocupar a todos. No es responsabilidad de los partidos políticos solamente, tampoco de las instituciones públicas; lo es también de la sociedad civil, de los empresarios y, sobre todo, de cada ciudadano, que debe hacer hasta lo imposible por no refugiarse en la individualidad ante la amenaza que constituye la erosión de la democracia para toda la sociedad.

Por eso es tan importante que surjan espacios para explorar nuevas fronteras y tendencias, para diseñar y poner a prueba nuevas ideas, para conectar personas, conocimientos, habilidades y distintas ideologías y concepción de la vida en sociedad, con un único fin: mejorar la democracia.

Para que la democracia pueda evolucionar, y cada vez sea más perfecta, se requieren espacios abiertos, participativos y en red, donde se puedan generar proyectos y comunidades de investigación, que sirvan para el desarrollo y prueba de soluciones a los deseos y aspiraciones de una sociedad como la nuestra, que está comprometida con vivir en democracia.

El país se beneficia del trabajo que se realice en el Laboratorio, porque se presentarán ideas que permearán toda la Administración pública, a la vez que generarán en los ciudadanos cada vez más deseos de participar en la construcción de soluciones a los problemas que nos afectan.

Uno de esos problemas es la compra y venta de cédulas durante el proceso electoral, que no es más que la comercialización de voluntades, un acto corrupto que deben condenar y enfrentar todos los actores del sistema. Aunque será muy difícil cambiar ese aspecto de la cultura política, lo cierto es que partidos y políticos son culpables por igual de que suceda. Pero como sociedad, tenemos que superar poco a poco ese lastre para nuestra democracia.

La Junta Central Electoral ha atinado con una campaña que moviliza voluntades para enfrentar la compra y venta de cédulas. Pero se requiere el concurso de toda la sociedad para que veamos resultados positivos, tanto en el proceso de febrero como en el de mayo próximos.

La clave está en seguir recorriendo el camino de la institucionalidad, de la transparencia, la rendición de cuentas y la participación ciudadana, porque los males de la democracia se curan con más democracia.