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Puntos de vista domingo, 19 de enero de 2020

VIENTO SUR

La situación mundial ya cambió

  • La situación mundial ya cambió
Felipe Ciprián

La decisión de Donald Trump de mandar a asesinar al general más prestigioso de Irán, Qasem Soleimani, es el peor error estratégico que ha cometido Estados Unidos durante el período de gobierno del magnate de Nueva York.

Instigado por Israel que por años quiso matar a este combatiente revolucionario internacionalista, Trump creyó que asesinando a Soleimani, infundiría respeto a un mundo que él quiere tener bajo sus pies cuando es evidente que eso no es posible ya.

Militar, política, diplomática, tecnológica y económicamente, ya Estados Unidos no es el supremacista mundial que era. Aunque no lo admita.

Rusia tiene armamento con mayor fiabilidad y precisión. Ese mismo país está demostrando que gravita como un socio confiable entre los países en conflicto y lo toman como un actor fundamental y equilibrado para disuadir guerras y frenar el terrorismo.

China le lleva la milla extra a Estados Unidos en materia de poder económico y usufructo de la tecnología más moderna del milenio.

Rusia y China tienen acuerdos políticos y militares lo suficientemente explícitos como para garantizar su seguridad mutua, lo que difícilmente puede ser desafiado por Estados Unidos y su alicaída OTAN.

Mató a un mariscal
Fue en ese contexto que Trump ordenó asesinar al general Soleimani. Con ese crimen de Estado contra un dignatario importantísimo de un país que es miembro pleno de las Naciones Unidas, el gobernante norteamericano inauguró una etapa nueva de acción en el mundo.

Hasta ese crimen alevoso y desafiante, Estados Unidos e Israel acudían a métodos oscuros para asesinar a dirigentes políticos enemigos, pero como si se tratara del rey del mundo, Trump mata y reivindica abiertamente el crimen de un alto oficial extranjero y en Iraq, violando su soberanía como si ese país fuese una colonia.

La respuesta desbordante
Desde que se conoció el crimen de Soleimani, Irán prometió que haría una venganza dolorosa. Lo mismo dijeron los movimientos revolucionarios de Iraq, Líbano y Yemen, a los que este internacionalista ayudó con tanto amor, fervor y capacidad a ser fuertes, valientes y decididos.

El crimen de Soleimani se consumó en forma pérfida en la madrugada del 3 de enero. Su funeral en Iraq y en Irán fue lo suficientemente multitudinario como para convertirse en un boomerang grave para Estados Unidos.

Durante cinco días, millones de hombres y mujeres desfilaron tras el féretro de Soleimani, y minutos después de su sepelio en Kerman, su ciudad natal al sureste del país, los misiles iraníes estaban golpeando con absoluta voluntad la mayor base de Estados Unidos en Iraq, provocando daños cuantiosos a la infraestructura, aviones, helicópteros, drones, puestos de mando y pistas de aeronavegación.

El golpe fue brutal y aleccionador. Los misiles dieron en sus blancos con una precisión incalculable y los dispositivos antimisiles volvieron a probar su ineficacia, como en el ataque con drones de los yemenitas contra las refinerías sauditas el 15 de septiembre pasado.

Ante la magnitud y eficacia del golpe iraní que paralizó la aviación de Estados Unidos en Iraq, el belicista Trump no tuvo más opción que gritar: “¡Todo está bien!”

Los seis bombarderos B-52 que habían sido emplazados en la base de Diego García, en el océano Indico, no tuvieron más opción que quedarse en tierra porque si tiraban bombas sobre Irán, los misiles iraníes borrarían Haifa y los de Hezbolá golpearían sin piedad, otros puntos muy vulnerables de Israel.

Fue una admisión de impotencia ante el atrevimiento de matar a un alto oficial del gobierno iraní y ante la precisión y poder destructivo de los misiles iraníes, los que por demás, no son los más modernos usados de su arsenal.

Israel, hundido en el mayor temor de su historia, salió corriendo a decir que no tenía nada que ver con el crimen de Soleimani –falsedad total porque sus agentes en Iraq ubicaron su posición en el aeropuerto de Bagdad– y que por tanto no querían envolverse en el conflicto militar irano-estadounidense.

Con los misiles que golpearon la base de Estados Unidos en Iraq, el Pentágono tomó nota de respeto y ya sabe, perfectamente, que tiene que irse de Oriente Medio, hoy o mañana. Pero ¡de que se van, se van!

Si Estados Unidos persiste en quedarse robando petróleo en Siria y en Iraq, le espera un pantano muy doloroso, porque la determinación de las milicias iraquíes, y el mismo Irán, parece muy firme.

El encausamiento interno de Trump por sus manipulaciones políticas llega en el peor momento para él, pero si no lo destituyen, tiene un clima enrarecido en Oriente Medio del que tendrá que salir, por las buenas o por las malas.

Israel parece conocer muy claramente el momento crucial que vive y por eso no quiere forzar un conflicto. Si provoca una guerra, va a probar un acíbar indeseado, porque le lloverán misiles con la misma precisión de los iraníes, desde Gaza, Líbano y el Sur de Siria.

Lo peor para Israel sería una incursión terrestre de militares sirios desde los Altos del Golán, lo que no se puede descartar en un futuro conflicto, donde también estarán las milicias de Hezbolá y los contingentes iraníes estacionados en Siria.

Y esa será una guerra en forma para la que las armas nucleares israelíes, no se podrán usar.