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Puntos de vista miércoles, 15 de enero de 2020

FUNDACIÓN SALESIANA DON BOSCO

Me quiero reunir con Trump

  • Me quiero reunir con Trump
Luis Rosario

Nunca me ha gustado caerle atrás a la gente de poder. Me dan “tiriquito” las oficinas públicas y los funcionarios. Mientras más derrengado social sea uno, más le sacan el pie; se escabullen por la puerta de atrás y simplemente ponen a uno de mojiganga.

Al Palacio Nacional son muy contadas las veces en que he ido, por necesidad, equivocación o debilidad.

Al presidente actual nunca le he dado la mano en los períodos que lleva gobernando.

Al doctor Balaguer jamás le estreché la mano, a pesar de que tuve ocasiones de hacerlo. No sé quién perdió más, si él o yo.

En cuanto a Trujillo, siendo yo un adolescente y sirviendo de monaguillo en la inauguración de la Parroquia Santo Domingo Savio de La Vega, sentí que sus manos se posaban sobre mi cabeza, a guisa de saludo.

Quién sabe si eso produjo que parte de mi cabellera espesa, con la que yo  “agüajiaba” en otros tiempos, se fuera deforestando.

Esto llevó a recurrir a la poda del cabello con más frecuencia, contrario al tiempo en que la selva negra cubría mi cabeza, cuando me pelaba una o dos veces al año.

Trujillo perdone esta confesión pública  indiscreta o, si no, que lo haga su nieto que busca ponerse la ñoña.

Dirán que soy engreído, orgulloso, soberbio y que me creo papita frita.

Les doy la razón, a pesar de que trato de ser cortés con los poderosos y más con aquellos que se están chupando un cable.

Soy presuntuoso, privón, comparón y de testuz alzada.

Pero todo esto puedo dejarlo de lado y humillarme para lograr reunirme con Trump.

Por su estilo, medio alocado, creo que es posible que acepte mi propuesta, también alocada.

Quiero proponerle que se deje de bravuconadas, misiles y drones asesinos; que trabaje para hacer desaparecer las armas y que proponga al mundo la “guerra de las trumpadas” (en español esta palabra se lee trompadas).

Parecen niños jugando a los vaqueros, a matarse con flechas, cuando con un par de trompadas podrían solucionar los problemas, si es que su cerebro no les da para reconocer que todos somos una única familia y que debemos respetarnos y amarnos.