Esteroides y marihuana

Ricky Noboa

En 1998 se hizo inminente la inducción de esteroides para aumentar el rendimiento de los peloteros de Grandes Ligas, dando al traste con más ofensiva en el juego, subiendo la taquilla y los pro eventos, logrando así mejores dividendos a los promotores de la industria.  

Con el apoyo de la Cámara de Representantes, la sociedad norteamericana emplazó este doloso procedimiento con la connivencia de altos ejecutivos del negocio.

La transparencia y la salud de estos atletas significaban un mal ejemplo al deporte de la familia.  

La soga rompió por los peloteros que dieron positivo y no por los inductores que crearon al monstruo.

Las medidas se tomaron desde fuera, no en la médula de los promotores que buscaban ganancia en sus operaciones.  

Hoy se abre el capítulo de la aceptación del uso de marihuana en las Ligas Menores, droga que se obtiene de la mezcla de hojas y flores secas del cáñamo índico con sustancias aromáticas y azucaradas que produce sensaciones euforizantes y alucinógenas, que pueden ser adictivas.  

El camino a Cooperstown dice “no” a los esteroides.  ¿Y a la marihuana, qué?  ¿Doble moral?