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Puntos de vista viernes, 13 de diciembre de 2019

EL BULEVAR DE LA VIDA

El tango nacional

  • El tango nacional
Pablo Mckinney
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Ahora que, gracias a los esfuerzos de nuestro ministro de cultura de ultramar y embajador ante la UNESCO, José Antonio Rodríguez, la bachata ha sido declarada patrimonio intangible de la humanidad, es buen momento para recordar sus orígenes, ligados siempre a una ausencia.

Bien me lo dijo Vianco Martínez en El Bomba: “el problema de la bachata es que en ella la mujer se fue o no ha llegado, pero el caso en que nunca está”. Del dolor de una ausencia nació la bachata. Dolor por un exilio desde nuestros campos hacía los anillos de miseria de nuestras ciudades y, claro, siempre una mujer y un olvido.

Hablo de una bachata ante la cual se ha rendido el mundo, con Romeo como estandarte, y ese Juan Luis Guerra que en los años 90 le mostró a Europa que la poesía podía llegar también de la mano de un ritmo dominicano. Años atrás, José Manuel Calderón, el padre fundador, se lo había confirmado al país con un lamento, musical y literario, cuando a una dama de ojos claros y oscuro corazón le rogó: “Amor, sálvame ahora, no permitas que muera de sufrimiento”.

    Luego de Calderón surgiría Radio Guarachita y con ella sus protagonistas, tíos fundadores de la cosa, como Luis Segura, que con “Pena” abriría la puerta del ritmo a una clase media que luego iría los jueves -discretamente- a aquella discoteca de San Cristóbal que dedicaba ese día a la bachata. Hagan memoria. (Cualquier tiempo pasado... fue tu amor).

La época “Rosa” de Juan Luis Guerra llegaría junto con Víctor Víctor, una mesita de noche y su insuperable CD: “Bachata entre amigos”, que vistió de esmoquin a la bachata con las canciones de la santísima trinidad de la canción iberoamericana de autor, o sea, Serrat, Sabina y Silvio, entre otros. Luego llegaría el reinado de Anthony Santos que aún permanece, sólo opacado por el triunfo mundial de Romeo, que para colmo es un muchacho agradecido, y por eso acaba de recorrer medio país con su Utopía, como ha recorrido Occidente mostrándole la expresión más auténtica del país que somos.

Siempre ocurre igual, cuando a los dominicanos nos falla la política, siempre aparecen Las reinas del Caribe, los Tigres del Licey o una bendita bachata para salvarnos, “sálvame de la muerte que se aproxima, sálvame pronto, amor, de este tormento...”.