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Puntos de vista viernes, 13 de diciembre de 2019

EN POCAS PALABRAS

Alianza con Israel

  • Alianza con Israel
Juan Guiliani Cury

La República Dominicana como han convenido Honduras, Guatemala, Brasil, debería concertar  una alianza estratégica de desarrollo con Israel para impulsar la agricultura de exportación,  mejorar el sistema de salud y explotar  fuentes de agua con mejor productividad y aprovechamiento.  El embajador del Estado judío, Danny Biran,  nos explicaba que su país cuenta con cinco plantas de desalinización de agua y tres  en construcción. Nuestra isla rodeada de mar no cuenta con ningún tipo de instalación de plantas desalinizadoras. Israel  con limitaciones territoriales geográficas (20,700 km2) y tierras desérticas exporta agua a otros países. El  desarrollo de sus exportaciones agrícolas es  comparado a naciones desarrolladas. Hay que admitir que la República Dominicana está rezagada en las exportaciones de frutas y vegetales que muy bien pudiera hacerlo en gran escala y alta productividad al mercado de Estados Unidos y otras naciones.  Nuestros rubros agrícolas tienen dificultad de acceso a compradores exigentes por carecer de buena organización, mejoramiento en la calidad y  tecnologías de procesos de alimentos,  empaques y embalajes,  a pesar de que en el otrora éramos más eficientes que Centroamérica  en  exportaciones de frutas y vegetales. La región del suroeste de nuestro país cuenta con tierras de alta calidad,  pero carece de un régimen de lluvias que pueda beneficiarle como  el caso del valle de Cibao. La tecnología israelí ha convertido desiertos en fuentes de producción verde mediante el sistema de riego por goteo. Nadie mejor que los israelitas lo ha podido hacer en el mundo. Brasil, ejemplo palpable,  que es una nación avanzada,  hoy la octava economía mundial,   concertó una alianza estratégica con Tel Aviv,  en el campo agrícola, transferencia tecnológica y seguridad.  La frontera dominico-haitiana sería beneficiaria de la transformación agrícola saltando de la pobreza a la riqueza y sus habitantes dejarían  ser los parias del subdesarrollo dominicano. El rompecabezas de la inmigración disminuiría  y la dominicanización fronteriza  una realidad.  El reto es ahora, no después.


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