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Puntos de vista viernes, 13 de diciembre de 2019

EL CORRER DE LOS DÍAS

La dominación del Kundalini

MARCIO VELOZ MAGGIOLO
mvelozm@yahoo.com

Resulta que existen variados textos sobre la psicología de la vejez, pero no es cierto, a mi juicio, que a la misma se le pueda trazar una ruta de similitudes. La vejez, la ancianidad, pare ser más respetuoso con nuestras actitudes, es sorpresiva y cada órgano, cada fiebre, cada pensamiento más allá del temperamento,  declara en el anciano respuestas bien diferentes.

Existen viejos que se mantienen jóvenes, y cuyo pensamiento es del todo juvenil, otros resultan atrapados por un secuencial desánimo, se dejan asir por las desilusiones y acuden al recuerdo, a la repetición de manías olvidadas productos de su vida introspectiva, en la que afloran deseos en decadencia y   se generan frustraciones por sus imposibilidades de completar o hacer faenas comunes a sus años juveniles.

Sócrates, cuando pronunciara su célebre frase señando que una manera de conocer a los demás, era conocerse a sí mismo, y creemos que la única manera de llegar a ello es calmadamente echar mano de la introspección analítica y de meditar en cualquier sentido en lo que hemos sido y lo que nos falta por ser.

Una de las experiencias que tanto el hombre como la mujer enfrentan, es el descenso del deseo sexual, el abandono de lo que los creyentes hinduistas llaman la kundalini, fuerza que te recorre vértebra por vértebra el camino del espinazo y que dispara el orgasmo.  La kundalini, soplo intenso de vida que transita o vive oculto en el camino del centro ascendente y descendente de la columna vertebral y se manifiesta como una patente fuerza que asoma al pensamiento provocando las glándulas y el deseo y al provocarlos, envía un mensaje que es reclamo cuando la biología persiste en su automática búsqueda de prolongar la especie. No existe duda, ello lo predijo Freud, de que lo sexual autoriza numerosas acciones del hombre, animal que al fin debe  aprender a manejar sus deseos, a vencer sus exasperadas pasiones, y a encontrar, cual que sea, el vencimiento y no la provocación de una fuerza a la cual habría que tener controlada apartándola de la pasión que confunde, al punto de que,  desbocándose,  pueda cometer el delito o los delitos.  El control del delictivo deseo es una especie de ejercicio que numerosas sectas y religiones llevan a cabo y que consideran como la forma de convencer al cuerpo humano con una intervención mental, de algo que pasional, se muestra venciendo la lógica común de la vida humana y necesita represión interna.   Vencer el deseo que puede llegar a ser benigno para sociedades enfermas, es lo que se exige de la voluntad para el desarrollo de una conducta humana que se pueda calificar de correcta.

Ya vemos que el asesinato de miles de mujeres en el mundo se funde en dos acciones, el sexo desbocado y la creencia en la superioridad que libros religiosos sin análisis, como la Biblia, han insuflado, por el deficiente estudio bíblico, en la mente dogmática de religiosos y religiosas miedosos de tocar y analizar textos atrasados por milenarios.

Hemos estado, todos, santos y no santos, los que podemos calibrar con suerte el camino de la ancianidad, al borde de los delitos cuando muchas formas de sexualidad incontrolada amenazan con desatarse.  Si con suerte llegamos a la ancianidad deberíamos usar de ella para corregir fallas, y ver como todavía la oportunidad que nos da la naturaleza para le mejoría moral a la que desde siempre hemos estado obligados.


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