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Puntos de vista sábado, 07 de diciembre de 2019

OTEANDO

Nelson Fermín, inspiración y trascendencia

Emerson Soriano
emersonsoriano@hotmail.com

Los compañeros de trabajo del difunto se pararon junto al púlpito, una vez acabada la misa de cuerpo presente, para dar testimonio de su hombría de bien, de su entrega al trabajo y el espíritu armonioso que aquél imprimía a todo encuentro, laboral o recreativo.

“Todos mueren un día”, pensé, evocando la célebre frase de  Aquiles y en una actitud de autoconsuelo que no alcanzó a mermar un ápice la sensación de incertidumbre que calladamente padecía ante el odioso fenómeno de la muerte, traicionera y taimada como siempre.

El féretro descendió en brazos de amigos y familiares y fue colocado en la carroza del viaje final. El cortejo fúnebre avanzaba lentamente, tan lento como si no quisiera llegar a su destino. La atmósfera era pesada, los árboles permanecían inmóviles y la tarde parecía llorar.

Un joven zigzagueaba su motocicleta entre los vehículos para hacer su entrega sin demora. Un camión sonó su pito inmisericorde para abrirse forzosamente paso hacia su destino, y una bandada de garzas simétricamente formadas cruzaron en rasante vuelo la avenida. Sin embargo, la carroza no paraba, continuaba su lenta marcha conminando al cortejo, marcando el rumbo hacia el mundo del silencio.

Al entrar al camposanto el aroma de blancos lirios y azucenas penetró mis fosas nasales para calmar un poco mi angustia y dar paso a una inexplicable sensación de reposo. Al fondo de una de sus calles, y antes de hacer el último giro, en una tumba descuidada, se leía un hermoso epitafio escrito con carbón vegetal, de pobre ortografía y errática caligrafía que rezaba “te amo papá”, quizás un poco para hacernos recordar que el amor y el dolor brotan iguales de  corazones de pobres y ricos, de mansos y altivos.

Avanzamos un poco más y de repente la carroza se detuvo, había llegado a su destino. Habíamos llegado al lugar donde nos separaríamos para siempre de Nelson Fermín, buen hijo, buen esposo. buen padre y mejor amigo, a quien la vida me permitió tratar para confirmar que el desapego a lo material produce amores y el trabajo honrado admiración sincera; que un hombre es grande en  la sencillez practicada como magisterio para la existencia; que la trascendencia solo es real cuando la preceden la bondad de corazón, la vida armoniosa y la conducta inspiradora. Me siento verdaderamente honrado con la amistad que cultivamos.