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Puntos de vista viernes, 22 de noviembre de 2019

ORLANDO DICE...

Lutero en juego

  • Lutero en juego
Orlando Gil
orlandogil@claro.net.do/@orlandogildice

El mal entendimiento de las decisiones de las altas cortes podría originar situaciones o provocar a los vivos que creen que la política es capricho.

Cada fallo tiene sus particularidades, y si a los abogados se les resbalan, supóngase a los legos. El fenómeno era previsible, pero a todos seduce el borde del precipicio.

La decisión del Tribunal Superior Electoral que favorece a Leonel Fernández era para someterse a los sabios de Bizancio, cuyo juicio era, más que profundo, divertido.

Solo para Fernández, y nadie más, aun cuando fueran trances parecidos. El tiempo por igual pasó y no habría manera de intentar. Sin embargo, se alimenta el delirio, y se tiene la impresión de que las cortes no blindan su jurisdicción y acogen todo lo que llega. Mucho trabajo para la Junta Central Electoral, pero igual para el Tribunal Superior Electoral, el Tribunal Constitucional, y posiblemente el Tribunal Superior Administrativo. La política y la justicia andan como vendedores ambulantes cuyo negocio opera igual en una esquina que a mitad de la cuadra.

Incluso, y sería lo más grave, dan la impresión de que disputan poderes, de que cada cual quisiera tener la última palabra o que buscan congraciarse. El derecho como derecho, la ley como ley, no son tan determinantes como lo político o lo personal, y lo digo porque ahora resulta que el Consejo Nacional de la Magistratura compró a ojos cerrados y sin manual de Ikea. Los magistrados se despachan a sus anchas, y en esas anchas están mordiendo la mano que los alimentó, y que no hace lo que se supone que hace, presionar.

Es interesante el conteo de votos afuera que nunca coincide con el fallo adentro, y después, en medio de la frustración, se abonan razones. La sartén estuvo en unas manos, pero esas manos no prenden ahora la estufa. El cocinado tampoco les pertenece, y se las pasan oliendo el guiso ajeno. Las altas cortes, todas, son pistolas sin seguro y se disparan solas, y eso explica la falta de lógica jurídica, la incoherencia política, y que no se pueda por adelantado conocerse fallo.