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Puntos de vista miércoles, 20 de noviembre de 2019

COLABORACIÓN

Órgano electoral debilitado

Manuel Fermín

¡Julio, vete! es una sentidísima expresión dicha educadamente y no ásperamente, pero pronunciada, eso sí, secamente, con cierta aridez, y surgía del doctor Marino Vinicio Castillo (Vincho) solicitándole al doctor Julio Cesar Castaños abandonar la presidencia de la JCE.  Pero él guarda silencio y sus respuestas son impulsos declarativos cargados de ironía y poco equilibradas sin admitir su irresponsabilidad aunque reconociendo errores graves; además, disponiendo de una agenda clara para garantizar la transparencia y la eficiencia del voto automatizado como también en la corresponsabilidad, incumplió y se ha resistido constantemente en forma obstinada. Era, sin duda, un gran paso adelante para que las primarias fueran exitosas, pero no pudo acertar en la concreción de las medidas por la testarudez y su comportamiento errático y contradictorio antes y después del proceso (alegó falta de dinero y de tiempo para realizar el experticio técnico de los equipos; tampoco obtemperó al conteo manual del voto emitido electrónicamente) obviando así el objetivo más idóneo: permitir mancomunar el esfuerzo de los participantes y dar seguridad al evento electoral.  Por el contrario, lo que hubo y vimos fue siempre un reparto de facilidades poco equitativo que culminó como un proceso ilegítimo digno de su total anulación al permitir continuar las votaciones después del cierre a las 4 de la tarde adelantando resultados con cifras tan cerradas mientras se votabaÖ, en fin, correcciones que debieron ser pertinentes para la Junta como determinó el informe de PC.  Pero no, todo resultó en vano.  Perseguido ha estado por la persistencia en el error, que es el peor error, y atrapado en la conducta más irracional causó un grave cisma en el partido oficial. Es lícito afirmar que hay otras razones que explican mejor ese proceder: encubrir el amaño justificando o queriendo justificarlo ordenando en un santiamén el conteo físico y la contratación irregular de una empresa debilitada por sus inconductas y falta de credibilidad, y que tampoco fue feliz y lo que se ha ganado es más enfado por su activismo desvelando el gran fracaso.  Asimismo se ha constituido en socio activo de la desconstrucción de la imagen de neutralidad por la que debe velar esa institución. El problema es que el embuste oficializado no ha podido alejarse de lo burdo. ¡Julio, vete!