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Puntos de vista viernes, 18 de octubre de 2019

EL CORRER DE LOS DÍAS

La infraestructura de la sonrisa

Marcio Veloz Maggiolo
mvelozm@yahoo.com

Se dice que la creación de una sonrisa está basada, nada más y nada  menos que en la flexión de diecisiete músculos faciales trabajando simultáneamente para que el mohín resulte afectivo, reconfortante, y saludable. Por tanto una sonrisa parece una creación cultural, algo que habita, silenciosamente, en nuestro interior y se va constituyendo en materia prima básica de lo que luego podría ser risa de diversa sonoridad, forma o “sonidora”, sonadora, señal sonora, que culmina en risa, símbolo de alegría oculta.

Pero el nacimiento de una sonrisa tiene aspectos tan misteriosos como el que afirma que un niño, siendo aun feto, sonríe en el seno de su madre, o que existen sonrisas que escapan de la mente humana sin nunca haber sido pensamiento, convertidas en gestos autónomos de esos músculos faciales que impulsan a pensar que toda muestra de esa irisación facial es producida por la satisfacción y la alegría. Lo cierto es que la sonrisa, como el poema, puede aparecer irreflexiva, respondiendo a un hecho que da al espíritu esperanza de continuación, o produce en todo el cuerpo astral del ser humano, una laxitud nacida en el otro extremo de lo que se siente como el deseo de la risotada. Es un comienzo de algo que se aproxima a la metáfora, porque existen metáforas del espíritu que se expresan en transformaciones faciales, reflejos de esa flexión nacida de simultaneidades musculares en movimiento  producto de algún tipo de asentimiento, emoción, aceptación, conocimiento, percepción o asimilación de lo placentero. Ningún desenlace trágico produce sonrisas, sino llanto, angustia, arrugamiento del rostro y promoción de lo que podría llamarse “estrangulación de la sonrisa y sus componentes”, porque no sabemos por el momento cuál es el ritmo de la flexibilidad que se hace presente no solo en el rostro, sino en otras partes de nuestra anatomía que reaccionan debido a la tristeza, borrando todo asomo de sonrisa.

La sonrisa es, quiérase o no, un misterio anatómico, una flotante dimensión de lo que a veces es alegría, satisfacción inédita de expresión puramente personal. Pero todos compartimos la certeza de que cada sonrisa tiene un motivo de risa interior que no se expresa, risa que flotando dentro de nosotros, aspira a ser risotada, carcajada, porque como un viejo amigo pregonaba cuando se le saludaba, decía  caminar por cualquier calle, “muerto de risa”, indicando  que también la simple sonrisa, al tomar la forma  del “reír sonoro”  que tanto amaba el poeta, produce la muerte sonora, quizás la mejor, cuando  la carcajada, aliada de la inicial sonrisa, sugiere como  escudo a  la Gioconda y nos lleva de manos al ruido, placentero y mortal de lo que siendo primero risotada, se transforma en ardorosa muerte gracias a una risa repetida que puede seguir vibrando en al ataúd.

Los motivos de la muerte por incidencia de la risa repetida son muchos, y a veces me estoy tentado  escribir sobre ellos, pero una sonrisa maliciosa me lo impide.


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