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Puntos de vista jueves, 10 de octubre de 2019

EN SALUD, ARTE Y SOCIEDAD

Que Gonzalo acompañe a Leonel en su reclamo

  • Que Gonzalo acompañe a Leonel en su reclamo
Ignacio Nova
ignnova1@yahoo.com

Interesado en afincar las acciones sobre paradigmas íntegros e idóneos, evoco un breve artículo sobre la democracia, escrito por el Nobel 1998 de Literatura, José Saramago.

Allí, él expone en qué ha devenido un régimen de gobierno presentado con los trazos del igualitarismo pleno entre ciudadanos, aunque su praxis exponga la eterna antítesis entre pobres y potentados.

Tal artículo, sintéticamente, podría explicar los acontecimientos que vive esta ínsula estos días. Sus afirmaciones apodícticas impactan por su fuerza convincente: el poder económico, dice, no es en lo absoluto democrático. Refiere las multinacionales y los grandes grupos económicos locales.

Académicamente, la Democracia es “gobierno de los pobres, para los pobres y por los pobres”. Gran eufemismo. Prácticamente, apenas resulta en gobierno integrado por los elegidos por los pobres, algo diametralmente diferente. A excepción de los períodos de proselitismo, lo sórdidamente real es que ningún elegible quiere estar cerca de pobres, menos aún de la pobreza sobre cuyos lomos pretende remontar.

En el documento “Declaración de principios y Estatutos” del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), el término Democracia aparece veinte veces. Sentado que “El PLD se constituye como una alternativa a las prácticas individualistas, populistas y conservadoras que predominaban en nuestro país”,  la organización proclama sus fundamentos: progresista, popular, moderna y democrática. Deriva, de este último, un deber para sí y sus miembros: luchar “por fomentar el derecho a la participación económica, social, política e institucional del pueblo dominicano; con flexibilidad en su táctica para enfrentar los desafíos internos y externos”.

A tales postulados ancla deberes sociales: 1) estimular “los límites en el ejercicio en los derechos democráticos” (g); y 2) “ampliar las bases de la democracia, mediante la participación responsable de lo(a)s ciudadano(a)s, a través de las diversas expresiones organizativas” (i).

El objetivo político se establece en el acápite k: “El PLD debe ampliar su base de sustentación y legitimidad ante la sociedad”.

Las informaciones finales emitidas por el organismo electoral dominicano como resultado de las recién concluidas primarias a las que compareció el 24.9% de la población habilitada para ejercer el sufragio, presentan a un PLD con una votación a su favor que corrobora el logro y progreso de tal meta.

Pese a la acusación de fraude proveniente de uno de los contendores, el PLD logró el 80.75% de los votos emitidos, repartidos a la casi absoluta mitad entre sus dos pre-candidatos principales.

Estamos ante una fortaleza organizacional que no debe ensoberbecer. Contrariamente, invita a los virtuales ganadores (según resultados de la JCE) a apoyar a los virtuales vencidos, acompañándolos en sus reclamos de auditar el software de par en par, contar los votos por mesas que sean necesarios y cotejar datos contra actas físicas del sufragio. Disipar toda duda, en fin.

En mentes febriles tal bandeo inocula el fantasma de una división aventurera que poco favorecería al PLD y a su candidatura para mayo de 2020. Los afectaría mortalmente acudir con candidatos imputados de emerger de unas primaras cuestionadas, acusados de usurpar la voluntad popular, asesinando la Democracia.

Haciéndose entre sí lo sufrido por el profesor Juan Bosch.