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Puntos de vista domingo, 15 de septiembre de 2019

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La engañosa disputa entre sangre nueva y la fábrica de presidentes

  • La engañosa disputa entre sangre nueva y la fábrica de presidentes
Manuel Figueroa
manuel.figueroa@listindiario.com

La República Dominicana se ha especializado durante décadas, en vociferar estridentes consignas políticas y fallidos operativos para enfrentar males sociales. Ambas propagandas engañosas han afectado por igual a los ciudadanos del país. En especial a los jóvenes, que en una gran proporción son etiquetados como NI-NI, porque ni estudian ni trabajan.

En el campo político, donde los dominicanos permanecen sumergidos los doce meses del año, nos asaltaron recientemente dos demagógicas expresiones, ambas elaboradas en los talleres de los dos principales líderes del partido gobernante: “La fábrica de presidentes” y “La sangre nueva para 2020”.

 El expresidente Leonel Fernández, primero, y el presidente Danilo Medina, después, fascinaron de momento a una juventud, que el mismo liderazgo nacional incentiva a involucrarse en ese complejo y opulento mundo. Porque como lo advertía Aristóteles: “El hombre es un animal político”.

Fernández anunció con bombos y platillos el 15 de julio de 2013 que el PLD montaría una “fábrica de presidentes” para seguir gobernando por muchos años más. La proclama se produjo en medio de la efervescencia del Octavo Congreso Comandante Norge Botello y el éxtasis dejado por la cuarta victoria consecutiva del PLD (2004, 2006, 2008 y 2012). Que en realidad era la quinta si contabilizamos la de 1996-2000.

Por esto causó una gran conmoción en el país cuando en el proceso electoral de 2016 el presidente Medina planteó modificar la Constitución para reelegirse, y el expresidente Fernández lo enfrentó con vehemencia para tratar de volver al poder por cuarta ocasión.

Quedó demostrado entonces, para los jóvenes relevos, que todo se había derrumbado en el PLD,  y que la manoseada fábrica de presidentes era un eufemismo.

Pero en definitiva, se pospuso la crisis. Al presidente Medina se le concedió la oportunidad de reelegirse, ante el arrullo de que cuatro años no es nada. Que el modelo justiciero es el de Estados Unidos: “Dos períodos y nunca más”. O sea, que ese lapso es suficiente para exhibir logros determinantes en el avance de un país.

Ahora se ha repetido la historia y el shock político en que se encontraba el país golpeó con una recurrencia devastadora. Los seguidores del presidente Medina trataron de imponer una nueva reelección y el jefe de Estado prolongó por los siglos de los siglos su determinación de no volver a reformar la Constitución con esos fines.

El discurso al país del mandatario se produjo el 22 de julio pasado, 15 días después de iniciarse la precampaña electoral para seleccionar los candidatos de 2020, cuando todos los aspirantes, menos el exministro de Obras Públicas, Gonzalo Castillo, estaban en el ruego.

Medina agradeció las muestras de apoyo mayoritario que recibió, pero se quejó amargamente de las críticas a su persona y su gobierno desatada por los seguidores de Fernández, a quienes  calificó de sector minoritario dentro del PLD.

Fue entonces cuando el presidente Medina se identificó con inyectar sangre nueva a nuestra vida política. Pero si alguien interpretó que esto significaba su retiro de la política para dar paso a los jóvenes, los seguidores del mandatario se encargaron de desmentirlo.

De inmediato se impulsa, otra vez, la reforma constitucional para rehabilitarlo en las elecciones de 2024, enarbolando la injusticia que representa que no pueda volver a aspirar a la presidencia de la República.

Se asemeja a una carrera de 400 metros con vallas, a lo Félix Sánchez y Luguelín Santos. Fernández tiene tres victorias en tres intentos y trata de buscar una cuarta. Mientras Medina tiene dos triunfos corridos, con una derrota en el 2000. O lo que es lo mismo, sólo ellos dos han ejercido el reinado del PLD en las últimas dos décadas.

Esta actitud deja diáfanamente establecido que la “sangre nueva” regirá solo por ahora, y que al igual que la “fábrica de presidentes”, no es más que una treta para seguir burlando en el camino a las nuevas generaciones, que se aventuren enfrentarlos.


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