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Puntos de vista sábado, 14 de septiembre de 2019

OTEANDO

Hospitales para Haití

Emerson Soriano
emersonsoriano@hotmail.com

Los haitianos son un problema, los haitianos son nuestro problema. Y son nuestro problema porque, por mucho que queramos aislarlos, son una realidad que debemos aprender a manejar en el marco de un adecuado y juicioso plan relacional que nos permita coexistir aprovechando las potencialidades económicas que ofrecen como mercado, sin descuidar la cuestión migratoria y la carga económica que genera su desempeño una vez se establecen aquí.  Hago el introito, para dejar claro que, en modo alguno, este artículo no está influido por racismo ni nada por el estilo. A la hora de enfocar el tema siempre he tratado de asumir alteridad, sin perjuicio de la necesaria objetividad que reclama y mi sentido de identidad, los cuales no negocio con nadie.

Pero lo cierto es que la situación migratoria y el adecuado manejo que demandan cobran cada vez más importancia, habida cuenta de que, las grandes potencias ya ni siquiera disimulan su interés en convertirnos en la solución del problema haitiano. Estoy consciente que “el ciudadano de hoy es el extranjero”, pero también de que los países tienen o deben tener la más absoluta libertad de regular su permanencia en ellos. Y es que nadie los manda a buscar, ellos vienen por su propio interés y conveniencia.

En el día de ayer este periódico editorializó el drama de las parturientas haitianas e hizo una advertencia que debe avispar las autoridades migratorias y al Estado mismo. Diez mil haitianas han entrado al país con el exclusivo propósito de parir aquí en solo siete meses. Pero en la asistencia al parto no es donde está en gran problema para nosotros, reside en el hecho de que no se devuelven a Haití una vez pasado éste. Las parturientas vienen para quedarse, de modo que no son diez mil, sino veinte mil haitianos más en siete meses. Todo con la consecuente carga que implica desde la perspectiva prestacional de derechos considerados humanos.

Por todo lo anterior propongo que ensamblemos una fórmula de cooperación, con el concurso de las grandes potencias, para la construcción de hospitales en Haití en el marco de un plan donde aportemos los médicos, pudiendo ser éstos pasantes de medicina y algunos docentes que puedan enseñar a nuestros residentes de especialidades médicas.

De lo contrario, preparémonos para la tramada fusión que, aunque no padezcamos nosotros -porque ya estaremos muertos-, padecerán nuestros hijos y nuestros nietos.