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Puntos de vista martes, 27 de agosto de 2019

PEREGRINANDO A CAMPO TRAVIESA

Muchos reclamaban la reforma de la Iglesia

  • Muchos reclamaban la reforma de la Iglesia
Manuel Pablo Maza Miquel, S.J.
@PadreMaza

El investigador acucioso que fuera Ricardo García Villoslada, narra cómo “muchos predicadores populares, algunos con fama de santidad, trabajaban ardorosamente por la reforma de las costumbres en el pueblo cristiano; más no era ésa la reforma eclesiástica más necesaria”. La reforma que se necesitaba urgentemente era la de la curia romana, la de los obispos y sacerdotes, tanto en lo tocante a las instituciones como la pastoral.

Las propuestas de cómo llevarlo a cabo no faltaron. El famoso cardenal Nicolás de Cusa (1401 - 1464) le propuso al papa Pío II enviar tres visitadores de vida ejemplar a reformar desde la curia para abajo. Cusa era un atrevido intelectual. Negaba que la tierra fuese el centro del universo, postulaba que todo estaba en movimiento, incluso el sol, aunque no lo percibiéramos.

Un obispo cercano al papa, Domenico dei Domenichi le aconsejaba a su amigo papa: depura la curia romana; que los oficios litúrgicos se celebren con dignidad; limita la concesión de indulgencias, acaba con el nepotismo; que obispos y cardenales aparten de sí gente de reputación dudosa; ignora a los aspirantes a cargos, prohíbe la acumulación de beneficios, destierra el lujo del colegio de los cardenales; que todo obispo resida en su diócesis y crea una comisión para castigar la simonía, es decir, el comercio- con los asuntos religiosos.

Pío II llegó a crear una comisión para la reforma, con hombres de la talla de San Antonino de Florencia (Ü 1459). No logró mucho, porque como veremos en su momento, se involucró apasionadamente en la organización de una cruzada. Pío II tuvo éxito en la reforma de varias órdenes religiosas, atreviéndose incluso a deponer al general de los dominicos, Marcial Auribelle, por considerar que daba mal ejemplo.

En su historia de los papas, publicada entre 1886 y 1903, Ludovico Pástor divulgó un programa en doce capítulos, elaborado por Pío II para reformar la Iglesia. En varias ocasiones se ocupó personalmente de la reforma de algunos grupos de clérigos. Por ejemplo, su bula al obispo de Valencia contra los sacerdotes concubinarios de aquella ciudad y diócesis. Estas reformas iban de afuera hacia adentro. Algunos creyeron mejor empezar desde adentro hacia afuera (Villoslada - Llorca - Montalbán BAC 199, 1967, 2™ edición, 388- 390).

El autor es Profesor Asociado de la PUCMM, mmaza@pucmm.edu.do