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Puntos de vista martes, 20 de agosto de 2019

EL BULEVAR DE LA VIDA

El derecho de los niños y la izquierda de la ADP

  • El derecho de los niños y la izquierda de la ADP
Pablo McKinney
pablomckinney@gmail.com

A penas ayer se inició el año escolar, y ya la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) anuncia que paralizará la docencia este jueves por una razón que podríamos llamar de pÖ madre, y la p no es de padres: Como el 76.08% de los aspirantes reprobó el Concurso de Oposición Docente, la asociación exige que el Ministerio de Educación revise los resultados y haga menos “dura”, más “flexible” la prueba.

    O sea, que la ADP está dispuesta a dejar huérfanos de la enseñanza a los niños dominicanos, ya no solo por defender los intereses de los docentes nombrados, sino también por defender los de quienes son apenas aspirantes a serlo y que, por sus notas en la prueba, digamos que son muy malos aspirantes.

Pocas veces brilló con mayor justicia el Tribunal Constitucional como el día en que emitió el fallo que establece que, en el específico caso de la sentencia del juez Máximo Matos, de Barahona, el derecho de un niño a recibir educación de parte del Estado está por encima del derecho a huelga de los maestros.

El Tribunal aclaró que su fallo no debe ser considerado como un precedente de aplicación general, pero dijo estar dispuesto a estudiar los casos que puedan llegarle, por lo que sabe ya el Ministerio de la cosa qué debe hacer en compañía de los padres cada vez que la ADP atente contra el inalienable derecho de un niño a recibir clases, desayuno, merienda, un almuerzo, y que pueda su madre asistir a un trabajo y recogerlo a las cuatro.

El gobierno debe hacer lo que tenga que hacer para proteger a los niños y sus madres de un sindicato que, para colmo, ha visto cómo, a partir de la asignación del 4% del PIB a la educación no universitaria (2013), todo ha mejorado en la educación pública, (número de aulas, liceos, escuelas, equipos, uniformes, mochilas, transporte, libros, tablets, salarios, incentivos, pagos de viejas deudas, número de pensiones,) todo, menos la capacidad de nuestros docentes para enseñar. Si del pecho de la amada “pende un cristo”, de la capacidad para enseñar de los docentes pende la calidad de nuestro sistema educativo. Sabiendo esto, como lo sabe, el gobierno debe actuar en consecuencia. 


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