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Puntos de vista lunes, 22 de julio de 2019

EN RELEVO

Engañabobos y cálculos de minorías

OSCAR MEDINA

La Constitución dispone cómo se puede modificar, y especifica los aspectos sobre lo que no pueden versar esos cambios. El artículo 268 prohíbe alterar la forma de gobierno, señalando que el mismo debe ser siempre civil, republicano, democrático y representativo. Lo que no sucede en cuanto a las modificaciones al régimen de elección presidencial y las limitaciones de un ciudadano para ser elegido Presidente de la República.

Así que si en un futuro -tan cercano como dentro de unas horas, o tan lejano como en algunos años- una tercera parte de los diputados o senadores someten una ley declarando la necesidad de una reforma constitucional, indicando dentro de sus objetos la eliminación total o parcial del vigésimo transitorio o la modificación del articulo 124; si la aprueban y convocan a la Asamblea Revisora en los quince días siguientes; si esta hace quórum con la presencia de más de la mitad de los miembros de cada cámara legislativa, y ratifica las iniciativas de modificación marcadas en la ley de convocatoria con al menos dos terceras partes de los votos emitidos. No puede alegarse violación o irrespeto a la Constitución, pues la misma habría sido reformada de manera absolutamente legal y legítima.

Además, si durante ese proceso se intentaren violar los procedimientos, la Constitución crea el Tribunal Constitucional y establece dentro de sus responsabilidades garantizar la defensa del orden constitucional.

No hace referencia a guachimanes callejeros destinados a protegerla. Por el contrario, el artículo 267 establece que el proceso de reforma no puede ser suspendido ni anulado por ningún poder público, “ni por aclamaciones populares”. Por tanto lo inconstitucional sería intentar obstruir una reforma con manifestaciones callejeras o desórdenes dentro del Congreso.

La Constitución es explícita sobre los procedimientos para su modificación y se encuentra suficientemente blindada. No necesita la simulada protección de Leonel y sus acólitos bravucones.

Ese tropel puede lanzar cuantas consignas y proclamas consideren... Pero la verdad monda y lironda es que su lucha es únicamente por el predominio de un liderazgo sobre otro dentro del PLD. No en defensa de ninguna Constitución.

Los afanes de Leonel obedecen a una rivalidad que tiene por medio la candidatura presidencial del veinte, del veinticuatro, del veintiocho y hasta cuarenta y cuatro si lo dejan.

Sus causas no hallan motivos en altos valores y venerables principios democráticos... Eso es un engañabobos... Sus batallas las libra detrás de algo tan corriente y pedestre como el poder político.

Y si en lugar de echar el pleito dentro del partido que preside o en el Congreso junto a los legisladores que le juraron lealtad, decidió hacerlo en la calle acompañado de claques que por unos pesos van donde les lleven para gritar lo que les digan. Se debe única y exclusivamente a que se encuentran en franca y manifiesta minoría.

Con lo penoso que resulta ver a Leonel encabezando esa minoría irracional, sin limites ni compostura, que apuesta por el desorden en un intento desesperado de imponerse por las malas.

Pero es que definitivamente, quien va a fracasar no hace uso adecuado de las matemáticas.


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