Listin Diario Logo
10 de diciembre 2019, actualizado a las 01:08 a.m.
Login | Registrate
Suscribete al Listin Diario - News Letter
Puntos de vista martes, 16 de julio de 2019

EL BULEVAR DE LA VIDA

Juancito Pérez Vidal

  • Juancito Pérez Vidal
Pablo McKinney
pablomckinney@gmail.com

En la noche del pasado domingo, en franca tertulia en “el bar de la esquina”, nuestro viejo amigo Juancito Pérez Vidal, alias Tito, destacaba el hecho de que, como colofón a nuestro rosario de males (que ahora incluye la campaña internacional contra el turismo, y el creciente liderazgo del narcotráfico en unos barrios empobrecidos y desparramados de inequidades y miedo), lo que estamos discutiendo los dominicanos a cualquier hora en redes, clubes y puticlubs, es la pertinencia o no de modificar otra vez la Constitución de la República por la única razón de que un pedazo del partido gobernante (el pedazo más gubernamental) quiere habilitar a su líder y mejor candidato y, de paso, evitar que el líder del otro pedazo pueda serlo.

Tito también nos explicaba que, si en lo del santo fornicio “en la confianza está el peligro”, en el caso de la política en la desconfianza está el abismo. Y los dos PLD enfrentados -insistía- han perdido la más mínima confianza entre ellos que es la peor manera de comenzar a perderlo todo.

No es casual, -(argumentaba con la lucidez del dios Baco en reflexión política,)-, que uno de los líderes del partido que encabeza la oposición, el señor Abinader Corona, haya logrado concitar un gran apoyo presencial y mediático al llamar a una concentración, no por el alto costo de la vida o la reparación de unas calles, sino por algo tan intangible y conceptual (aunque fundamental) como el respeto a la Constitución de la República, algo que, por lo menos siete de cada diez estudiantes de derecho; de tres de cada cinco de nuestras llamadas universidades, no pueden explicar con mediana claridad. Según mi dilecto, algo debería decirle todo esto a los dirigentes peledeístas de uno y otro grupo, todos relacionados de alguna manera, como hemos visto, con los asuntos del Estado y su gobierno.

Presionado por la cercanía del matutino que en pocas horas nos aguardaba en CDN, moribunda la noche, lamentada una ausencia, fue inevitable escuchar el lamento final del Tito: “Tantos homenajes, tantas “páginas gloriosas” a los gloriosos muertos de nuestra Democracia, y ahora que la tenemos, no sabemos qué carajo hacer con ella, salvo subastarla entre insultos y descalificaciones, como un naipe de corazones, de ingratitud, traición y olvido”.