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Puntos de vista martes, 16 de julio de 2019

ORLANDO DICE...

Aparta de mí ese cáliz

  • Aparta de mí ese cáliz
Orlando Gil
orlandogil@claro.net.do/@orlandogildice

La Iglesia no puede con su altar y se ofrece a mediar entre Leonel Fernández y Danilo Medina, dos escépticos de la política que no se remedian con misa.

   La Iglesia no sabe que el problema entre Fernández y Medina no es de mediación. ¿Qué diligencia de terceros necesitan dos compañeros de partido que se ven la cara por lo menos una vez al mes?

   Ellos tienen una suerte de intermediación que resuelve convenientemente. Cada cual en su oportunidad se confía en el Estado y el Estado -sin mancar- vence a uno o al otro según circunstancia.

   En el 2015 igual el pelo crespo de Fernández era difícil de peinar y con la tenaza caliente del Comité Político quedó como si fuera uno de los Beatles.

   Ahora no se tiene entendimiento a mano porque Fernández prefiere la guerrilla al consenso y se decide por la calle y no por la negociación de salón.

   Con llevar el asunto de la reforma al Comité Político, se resuelve. O al Comité Central, o a las cámaras. Nada mejor que el CP, o el CC, o el CN, podría hacer la Iglesia.

   No sorprende que el sector Fernández acogiera con entusiasmo la mediación de la Iglesia y que el de Medina reaccionara disparando de manera desconsiderada.

   Cambio de pitcher y juego de extra inning. Con Roberto Rodríguez Marchena la gente de Medina está haciendo con Fernández  lo que nunca había hecho.

   Entre las muchas cosas que alegaban, y que los diferenciaba del otro bando, estaba que su jefe político, el presidente, les tenía prohibido atacar a Fernández.

   Ni cuando era jefe de Estado ni ahora que es un particular.

   Lo de Rodríguez Marchena deja de lado la regla, y nadie será tonto para pensar que al vocero se le zafó la chaveta,  se volvió loco como Wilfrido y disparó a lo loco.   Con ese temperamento podrán ir a misa de cinco y misa de seis, pero difícilmente se congreguen a oír una misma homilía.    Cuando Satanás está de por medio, los resguardos de Dios no valen.