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Puntos de vista domingo, 14 de julio de 2019

EL DEDO EN EL GATILLO

Memorias de un comediante

  • Memorias de un comediante
Luis Beiro

Enrique Arredondo fue el humor cubano. Los parlamentos de sus diversos personajes no figuraban en libretos, su creatividad lo impedía. Alberto Luberta y Carballido Rey, entre otros autores lo sabían y lo dejaban dar rienda suelta a su imaginación cada vez que salía a escena.

Fue una figura irremplazable en dos populares espacios de la televisión cubana, “Detrás de la Fachada”, donde encarnó a su mejor performance, “Bernabé”; y en “San Nicolás del Peladero”. En este último programa dio vida a dos personajes inolvidables: “Cheo Malanga” (el guapo del pueblo); y “El doctor Chapotín”.

Lo entrevisté en 1981, cuando su libro de memorias “La vida de un comediante” se hizo realidad impresa. El encuentro sucedió en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en una pequeña oficina donde la risa de sus respuestas quedó atrapada en la arquitectura de sus paredes. Y, por qué no decirlo, también en mi memoria.

Aquel encuentro se convirtió en una conversación entre dos amigos. Arredondo me reveló otra de sus grandes aficiones: el béisbol. Aunque nunca jugó como profesional, pudo incursionar con equipos de los pueblos a donde viajaba como artista.

En San Nicolás del Peladero, su personaje de “Cheo Malanga¨ fue inolvidable. Su contraparte en ese espacio lo encarnaba la inolvidable Natalia Herrera, en el papel de su esposa, quien lo ofendía a gritos y le propinaba golpizas ante la risa colectiva.

Una anécdota peculiar vinculó el talento de Arredondo con la historia del cine. En una famosa escena sucedida entre él y “el chinito” (José Núñez Sariol) dueño del club social “La Flor del Asia” de San Nicolás del Peladero, se “cubanizó” la simpática película “Totó Trufa 62 vende la Fontana de Trevi”, cuyo guion relata la picardía del famoso comediante italiano para vender a un ingenuo turista la famosa escultura de la capital azurra. En el caso cubano, Arredondo nada menos que comercializa con el deslumbrado emigrante asiático el Capitolio de La Habana por ocho reales. En el filme peninsular, Totó no le entregó al comprador documento alguno como constancia de la compra de la valiosa plaza por la suma de medio millón de liras. En el episodio antillano, Arredondo le entregó al chino un documento mal escrito donde se hacía constar la venta de la sede del Congreso Cubano.

 De todas sus anécdotas, la más aplaudida, tanto dentro como fuera del país la tuvo “Bernabé” en el programa “Detrás de la fachada”. En una escena en vivo y ante la malacrianza de su nieto, el personaje lo amenazó: “si no te portas bien, te voy a castigar viendo los muñequitos rusos. Esta frase fue la comidilla del país a sabiendas de la mala calidad técnica de los animados infantiles producidos en la extinta Unión Soviética. Pero hay más: esta frase le costó al actor cubano una sanción laboral que lo separó por un tiempo de la televisión. 

Arredondo terminó el encuentro en la Unión de Escritores de Cuba como siempre acostumbraba, con un buen chiste y una risa socarrona que todavía no he podido olvidar. El chiste recordó otra escena de San Nicolás del Peladero, una ocurrida frente a un charlatán que también se las daba de guapo y le gustaba enfrentarlo, porque “Cheo Malanga” le temía.

Frente a mí, Arredondo hizo como si sacara un puñal de la cintura (en realidad era la llave de su auto) y frente a mis ojos comenzó a moverla de un lado para el otro:

-No me provoques, que mira como me tiembla la mano.

Y nunca más volví a verlo. Pero en mi grabadora quedó guardado un gran tesoro.