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Puntos de vista sábado, 15 de junio de 2019

“El poder político jamás se entrega por las buenas”

Carlos Alberto Montaner

José Guerra y Tomás Guanipa fueron inhabilitados como parlamentarios. Fue decisión del Tribunal Supremo de (In) Justicia que preside Maikel Moreno, quien antes de hacerse abogado era policía de la DISIP y guardaespaldas del presidente Carlos Andrés Pérez. En época de la democracia Moreno fue acusado de dos asesinatos, pero sus vínculos con la policía lo sacaron de la cárcel y decidió estudiar Derecho. Probablemente trepó al poder por su amistad con Cilia Flores, esposa de Maduro.

  En diciembre de 2015, cuando la oposición obtuvo dos tercios de los diputados, porcentaje que le permitía cambiar a magistrados venales del oficialismo, Maduro, por sugerencia de los cubanos, decidió declarar en desacato a la Asamblea Nacional (AN), hasta que los diputados admitieron una primera poda de tres representantes de la Amazonía utilizando un pretexto baladí. Esos diputados constituían la mayoría calificada que la oposición necesitaba para adecentar el poder judicial.

  Maduro, bajo instrucciones cubanas, crea en 2017 otro cuerpo deliberativo llamado "Asamblea Nacional Constituyente". El objeto era promulgar una nueva Constitución sin recovecos liberales. A principios del 2018 los chavistas dejan la Asamblea Nacional (AN) pretextando violaba el reglamento. Siguió el desafuero de los diputados demócratas.

  El propósito era hacer otra Constitución, calcada del modelo cubano que, a su vez, seguía la que Stalin promulgara en 1935. Allí dirán, como en la Carta Magna de Cuba, que cualquier regla o legislación estará subordinada al modelo “socialista” y a las autoridades del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

  Cuba confía que, con el tiempo, como sucedió con la Isla, todos se acostumbren a la presencia de un narcoestado corrupto del que ya escapó un 15% de la población.

   Ante la negativa de Maduro a someterse a elecciones realmente democráticas, la mejor baza para la oposición es pedirle ayuda a Estados Unidos --como sugiere el experto nicaragüense Humberto Belli-- para iniciar la lucha armada con ayuda de más de mil militares exiliados en Colombia. El presidente Guaidó, invocando el artículo 350 de la Constitución vigente, puede reclamar el derecho a la beligerancia y terminar con la fantasía de unas elecciones libres y transparentes.

  En todo caso, es suicida que los latinoamericanos se crucen de brazos ante la inmensa tragedia venezolana. Maduro y sus cómplices no entregarán la autoridad sólo porque la sociedad abrumadoramente lo demande. Fidel se lo dijo a Chávez repetidas veces: “El poder político jamás se entrega por las buenas, muchacho”. Hay que conquistarlo a cañonazos. [©FIRMAS PRESS


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