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Puntos de vista jueves, 13 de junio de 2019

ORLANDO DICE

Al voltear la página

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Orlando Gil
orlandogil@claro.net.do

La línea de pensamiento es muy clara. Si el beneficiario directo de la reelección, en vez de adelantarla, la frena, no puede esperarse que haya juego.

El forfait ni siquiera hay que declararlo.

Igual sucede con la alternativa. Si no se tenían claras las coordenadas, lo lógico -políticamente hablando- era favorecer que los relevos hicieran carrera.

Tampoco esa estrategia encontró espacio.

En Palacio advirtieron desde los inicios del período que los funcionarios debían ocuparse de sus obligaciones y no dedicar su tiempo a la política.

A la política de promoción personal.

La intención era evitar una desesperada competencia interna que afectara la marcha del gobierno. Era evitar una posible Babel en una administración en que se hablaban lenguas diferentes.

La intención por tanto era buena, pero hace mucho que ser buena no justifica una intención.

Cuando se permitió correr tras la candidatura, el tiempo era oportuno, la circunstancia adecuada, pero no se crearon condiciones.

Era justo soltar amarras y necesario compartir lealtades, de manera que se desataran potencias desconocidas. El mensaje, sin embargo, no fue directo.

Ni para los interesados ni para los seguidores.

Casi una réplica de la publicidad de la telefónica “yo me fui, pero no me fui”. En el caso sería “yo no voy, pero sí voy”.

El dicho ilustra la situación del buen entendedor al que pocas palabras bastan. Solo que no hubo palabras, y apoyo desde las gradas, no en el terreno de juego.

Leonel Fernández tuvo y dispone de recursos extraordinarios, por lo que su campaña desde que arrancó no decae.

Los oponentes internos no solo han querido alcanzarlo, sino usar algunos de sus trucos. El de las grandes concentraciones, por ejemplo.

Contrario a lo que se pensó en algún momento, los fondos públicos no han hecho la diferencia. El Estado no se deja ver en los mítines de sus patrocinados.

Al menos esa es la queja, que no se expresa en público, pero sí en las confidencias de los equipos de trabajo. El gobierno estaría dando menos aceita que un ladrillo.

Así más que difícil posicionarse.