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Puntos de vista martes, 11 de junio de 2019

PEREGRINANDO A CAMPO TRAVIESA

Comparando universidades

  • Comparando universidades
Manuel Pablo Maza Miquel, S.J.
@PadreMaza

Ser universitario en el siglo XIII era pertenecer a una élite mucho más reducida que hoy en día. Solo una minoría podía leer y escribir y dentro de ella, solamente los más preparados eran capaces de leer, discutir y redactar en latín, la “lingua franca” universitaria. Todavía en 1687 Isaac Newton publicó sus ‘Principios Matemáticos’, en latín. Se miraba mal a quien tratase un tema teológico en el idioma del pueblo.

La educación de entonces era mucho más memorística, pero a lo largo de su carrera, a todo estudiante se le exigía mostrar públicamente que podía aplicar sus conocimientos para responder a un interrogante contemporáneo. A inicios del siglo XV, en la universidad de París se discutió cuál de los dos papas reinantes era el verdadero. A todo estudiante se le exigía investigar, presentar, explicar y argumentar la validez de una proposición y responder a las dificultades que aportarían los profesores y los compañeros estudiantes. En el siglo XIII las comunicaciones de Europa eran pésimas comparadas con las de hoy, y sin embargo, como todo ocurría en latín, no era raro que en un día de fiesta un profesor de Oxford diera una conferencia en París. Muchos estudiantes se matriculaban en la universidad donde se discutiesen los temas que les interesaban. Sobornar la universidad para ser admitido es tema actual, que abochornaría en el siglo XIII.

Las universidades preparaban funcionarios para la Iglesia y el Estado, hoy en día también cuenta el mundo empresarial. Para los cargos mejor remunerados, los llamados beneficios, se exigía el aval de un título universitario, a veces casi supersticiosamente. Por ejemplo, varios médicos papales del siglo XIII provenían de la facultad de medicina de la universidad de París. En nuestros días, vemos cómo las credenciales de un funcionario titular de un relevante cargo nacional se reducen a sus esfuerzos durante la pasada campaña, o sus amistades en el partido gobernante.

¿Eran los estudiantes del siglo XIII más curiosos intelectualmente que los de hoy en día? El siglo XIII fue el siglo de la consolidación de la Inquisición, por algunos años estuvieron prohibidas en París, bajo pena de excomunión, la lectura y la discusión de las principales obras de Aristóteles, defensor de la eternidad del universo, y sin embargo, sus obras se leían y discutían en París y la universidad de Toulouse anunciaba: ¡Venga a estudiar Aristóteles con nosotros!”. Los dominicos presionaron para que la prohibición fuera levantada y todo estudiante pudiera vérselas con Aristóteles, para así dialogar con altura con la irreversible revolución intelectual de su época.


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