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Puntos de vista miércoles, 29 de mayo de 2019

PASADO Y PRESENTE

Revalorizando a la generación de 1844

  • Revalorizando a la generación de 1844
Juan Daniel Balcácer
jdbalcacer@gmail.com

La gloriosa gesta restauradora fue una acción bélica y patriótica fundamentalmente reconquistadora. En consecuencia, el gran mérito de los próceres, civiles y militares, del bienio glorioso 1863-1865 consistió mayormente en preservar y reafirmar el inmenso legado político de la generación de 1844. Recuperar, para beneficio del pueblo dominicano, el estatuto jurídico político de la nación anterior a la Anexión a España, fue, nadie lo discute, una hazaña colosal. Pero a los paladines restauradores no les corresponde el título de fundadores del Estado-nación (toda vez que ya dicha entidad había sido proclamada el 27 febrero de 1844); y tampoco les corresponde el título de “Padres de la Patria”, por más méritos políticos y glorias militares que hayan podido acumular en sus respectivas hojas de servicios públicos, sencillamente porque “Padres de la Patria”, son quienes verdaderamente concibieron y crearon la República libre e independiente de toda dominación extranjera, de conformidad con la doctrina liberal preconizada por la legión de 1844.

En su “Historia moderna de la República Dominicana” (1906), que devino el cuarto tomo del “Compendio de la historia de Santo Domingo”, el historiador José Gabriel García escribió que, fueron dos años después de la Restauración, el 27 de febrero de 1867, cuando “por primera vez, desde que hubo patria, salieron a relucir oficialmente los nombres del inmaculado Duarte y sus ilustres compañeros Sánchez, Mella, Pina y Pérez, como autores principales de la obra magna, asociados a los no menos gloriosos de los que la sostuvieron con ejemplar desinterés en los campos de batalla, y de los héroes invictos de Capotillo, que tanto renombre dieron a la República”. Puede decirse que fue a partir de entonces cuando afloraron diferentes grupos de intelectuales, aglutinados en torno a los partidos Azul y Rojo -las dos principales formaciones políticas posteriores a la guerra restauradora-, que respaldaron diferentes fórmulas y propuestas públicas para conformar el panteón de los héroes nacionales. Esas fórmulas y propuestas públicas comenzaron en 1875, bajo la administración del general Ignacio María González, a propósito del traslado, desde San Juan a Santo Domingo, de los restos del ilustre prócer Francisco del Rosario Sánchez, héroe de dos gestas independentistas y mártir de San Juan.