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Puntos de vista sábado, 25 de mayo de 2019

OTEANDO

A mis musiquitos del Metro

Emerson Soriano
emersonsoriano@hotmail.com

El jueves vi un video de unos niños del programa de tanda extendida que fueron traídos a tocar al Metro de Santo Domingo y comporté la satisfacción de sentir en ellos la recuperación de la escuela de ayer. Aquella fue algo especial, ser maestro reportaba al titular un prestigio que lo colocaba en la cima de la espiral social: abogados, médicos, comerciantes, todos, se inclinaban reverentes al paso de un maestro o maestra y los que ejercían ese oficio recibían el elogio y la admiración de sus iguales con la naturalidad propia de quien los obtiene por derecho de conciencia. Por su vocación comportaban la más grande satisfacción, fruto de un magisterio recto, pero dulce, correspondido por un discipulazgo respetuoso y entusiasta.

 Una magia  envolvía los ambientes de enseñanza: disfrutábamos en la escuela de un profesor de canto que, con alegóricas composiciones, nos enseñaba, además, historia sobre nuestros lábaros patrios -himno a la bandera-, sobre la aventura del descubrimiento -himno de la raza-, etc., provocando en nosotros ese sentido de identidad que nos unía en el  ideal de grandeza patria.

El vínculo creado fue tal que, en estos días, al reencontrarme en Facebook con una profesora de entonces, Lulú Colón, le escribí: “¡Profesora querida, cuánta alegría me da saber de usted! No olvido las molestias que le causaba queriendo saber mis notas de examen casi seguido nos daba la prueba. Cometía la imprudencia de empezar a pasar por su casa todas las tardes, diciéndole a su hijo Cuchi, por una persianita “¿y la profe, está?”, hasta que un día me dijera “muchacho tú pasate”. ¡Fueron mis mejores días! Nunca tuve profesores tan dulces como los de entonces: doña Gladys de Burgos, Calín Belliard, Ciricio su esposo, Carmen Evangelista, Gashita, América Tejada, Lindita Álvarez, Amantina de Burgos y otros que ahora no recuerdo. A unos y otros -los que aún están y los que ya se fueron- los recuerdo con el más duce y fiel de los cariños y les profesaré por siempre mi más sincera y devota admiración.