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Puntos de vista martes, 21 de mayo de 2019

ORLANDO DICE...

Alas de un mismo pájaro

  • Alas de un mismo pájaro
Orlando Gil
orlandogil@claro.net.do/@orlandogildice

El político dominicano no va a colmado ni a mercado, se alimenta de mitos. No existe una mitología como la griega o la romana, pero si creencias arraigadas, y como toda creencia, falsa o verdadera.

Uno de los mitos es creer que todas las personas que asisten a una actividad política del gobierno (la reelección, por ejemplo) lo hacen porque son empleados públicos o les ofrecen un picapollo y quinientos pesos.

Puede que sí, pero debiera pensarse que no.

Si esa lógica fuera la realidad, habría que preguntarse las razones de los contrarios, sean seguidores de Leonel Fernández u oponentes naturales.

Ex empleados o buscadores de oportunidad.

Estas apreciaciones son difíciles de transmitir o compartir porque los prejuicios van de la mano con los mitos. Unos ayudan a los otros, y viceversa.

Sin embargo, están las situaciones.

Las encuestas juegan con los candidatos, y ponen alante o arriba a unos y a otros dependiendo del humor o si días de sol, o nublados o de lluvia.

Aunque no hacen lo mismo con los partidos.

En todas las mediciones el PLD, el partido oficial, el de gobierno, tiene el doble del PRM, la principal fuerza de oposición.

El PRM inscribe e inscribe (más Hipólito Mejía que Luis Abinader) y el flujo y la correlación se mantienen iguales. Ni crece ni engorda.

El PLD es un fenómeno raro, pero que no se puede negar con palabras. Tiene gente y militancia para llenar el Olímpico a nombre de Leonel Fernández y simultáneamente 5 locales más pequeños a favor de Danilo Medina.

Ese es el punto a tener en cuenta políticamente hablando. Esa masa, registrada en padrón o no, está ahí, y puede andar ahora por calles diferentes y dar la impresión de rumbos distintos.

Echar un pie a la división.

Pero y si no. Si se  convocan a un mismo lugar y con una sola consigna. Los peledeístas son buenos dividiéndose, pero también reunificándose.

Si la oposición no toma nota, que después no se queje ni llore ni cruja los dientes.