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Puntos de vista viernes, 17 de mayo de 2019

EL BULEVAR DE LA VIDA

La política y el amor

  • La política y el amor
Pablo McKinney
pablomckinney@gmail.com

 Por años, uno ha tenido que soportar que, en medio de cualquier debate, nuestro adversario -al sentirse vencido y falto ya de argumentos- nos golpeara con lo que en el escenario político viene a ser una descalificación, casi un insulto: Poeta. “Más poeta es usted, buen diputado”, respondía uno en defensa propia. Pero, como Dios aprieta, pero no ahorca, al fin se sabe y ha sido científicamente demostrado: De la santa poesía, es decir del mismísimo amor, pende no el cristo sino la posibilidad de que pueda un candidato conectar o no con los ciudadanos, pues de enamorar, de encantar, de ilusionar a los electores se trata este asunto de la lucha política. El mejor discurso no se basa en los conceptos sino en la esperanza. Veamos el caso dominicano: Gracias a la más reciente encuesta Gallup-HOY, sabe uno del hartazgo del electorado hacia el PLD. Sin embargo, al preguntarle por quién votaría en las próximas elecciones, el ciudadano sigue prefiriendo al partido morado sobre la oposición.  ¿Y por qué ocurre esto que parece, pero no es una contradicción? Entre otros factores, ocurre porque hasta ahora ninguno de los candidatos opositores ha sido capaz de enamorar como se debe al elector, de ilusionarlo, de venderle el sueño del amor (político) de su vida, aunque tarde o temprano, como en el mismísimo amor, llegue el invierno y deba entregarse al canto de Jacques Brel, ¡ay!, “ne me quitte pas, ne me quitte pas, no me dejes, no”. Son las reglas del juego. Así como en el amor debe uno esforzarse por inscribir su nombre en la memoria erótica de la amada, así debe llegar un candidato al corazón, a la memoria sentimental de los electores que, al fin y al cabo, el dueño del corazón de una mujer no es quien la tiene sino quien la hace soñar y con quien ella sueña. Así ocurre con un electorado entregado a un ser que le tiene, pero ya no le satisface, no le hace feliz, pero con él sigue, y sólo porque que no acaba de aparecer el don Juan Tenorio de sus sueños. Uno lo sabe hace tiempo, pero es ahora cuando los expertos de la comunicación política lo han aceptado, destacado, y confirmado las encuestas: También en la política “es el amor, estúpidos, es el amor”.