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Puntos de vista viernes, 17 de mayo de 2019

Formación y representación diplomática

  • Formación y representación diplomática
MANUEL MORALES LAMA

La trascendental importancia adquirida por las relaciones internacionales a escala global ha sido un factor fundamental para la creación y desarrollo, en los Ministerios de Relaciones Exteriores, de centros académicos que facilitan la formación, especialización y periódicas actualizaciones del personal designado en ellos (Servicio Exterior y Cancillería).

La labor, debidamente planificada, de dichos centros permite, asimismo, sustentar adecuadamente las Carreras Diplomáticas respectivas. Sobre todo, es fundamental para asegurar la eficacia en la representación del Estado en cuestión (que corresponde a sus Misiones Diplomáticas) y, consecuentemente, para la efectiva “realización de los planes y consecución de los objetivos de la política exterior”.

El calificativo “de Carrera” en este ámbito, se refiere básicamente, a una estructura jerarquizada en diferentes posiciones, rangos, grados o categorías, que el funcionario, previa preparación, va escalando por un determinado sistema de ascensos.

Los referidos centros de formación deben seleccionar a sus alumnos mediante un estricto “Concurso Público Nacional Descentralizado”. A estos se les requiere aprobar el curso de formación correspondiente (frecuentemente a nivel de Maestría).

La Carrera Diplomática, de acuerdo a parámetros internacionales, se inicia obteniendo el rango de Tercer Secretario. Periódicamente, cada tres o cuatro años (según la categoría diplomática), mediante evaluaciones y otros procedimientos consignados en los Reglamentos de la “Carrera Diplomática”, los designados como Terceros Secretarios podrán ascender paulatina y estrictamente a cada uno de los diversos rangos establecidos en la carrera, hasta llegar, generalmente, al de Embajador. Retrotrayéndonos a los orígenes de la “formación diplomática” en República Dominicana, el primer entrenamiento de tal carácter fue el “Curso Teórico Práctico en Derecho Consular”, (Decreto No. 924 de 1934). Este precedió a otros de mayor contenido: “Cursos sobre Derecho Diplomático y Consular” (Decreto No. 436 de 1939). En la Nación Dominicana se estableció la Primera Escuela Diplomática de América. Esta inició sus actividades provisionalmente en 1939, pero fue el 13 de octubre de 1942 cuando, mediante el Decreto No. 301, formalizó su labor docente, al concedérsele el carácter oficial al “Reglamento de Funcionamiento de la Escuela Diplomática y Consular”. El cierre abrupto de esta Escuela en 1946, fue motivado esencialmente porque las primeras promociones superaron ampliamente el número de funcionarios que se requerían (por no tomarse en cuenta la previa planificación establecida al respecto).

No obstante, la labor formativa en la Cancillería continuó realizándose en el marco de las funciones del Departamento Cultural. La Escuela Diplomática Dominicana reinicia sus labores en 1999, y además de otras responsabilidades, asumió los Programas Académicos de Capacitación (para nuevos designados), y los de Actualización y Especialización, que hasta ese momento coordinaba el Departamento Cultural.

En el 2012, esta Escuela Diplomática adquirió la categoría de Instituto Especializado en Estudios Superiores, denominándose “Instituto de Educación Superior en Formación Diplomática y Consular”. En tal virtud, se le facultó para ofertar Programas de Postgrado en el ámbito de su naturaleza (Maestría en Diplomacia y Servicio Consular y Especialidad en Diplomacia Comercial).


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