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Puntos de vista lunes, 13 de mayo de 2019

ORLANDO DICE

Efecto de las primarias

  • Efecto de las primarias
Orlando Gill
orlandogil@claro.net.do

El ascenso de Alexandria Ocasio- Cortez, de empleada de un bar del Bronx a Senadora por el distrito 14 de Nueva York, permite entender situaciones políticas que se dan en el país ahora que se estrena una nueva legislación político-electoral.

La historia la cuenta Neflix en un documental que titula Knock Down The House, algo así como Tumbar la Casa, y que muestra –entre otras cosas- cómo las primarias de un partido cambió el destino de una demarcación y favoreció una nueva manera de hacer política.

Más directa y personal.

Ocasio-Cortez le ganó a Joe Crowley, quien no solo llevaba varios períodos, sino que dominaba la estructura del Partido Demócrata en esa circunscripción.

Su hazaña fue extraordinaria y sorprendente, pero fundamentalmente fue obra de las primarias. De poner el poder de decisión en manos de la gente y de que esta vote por uno de sus iguales.

Los partidos dominicanos vivían hablando de la importancia de las bases, e incluso llegó a entonarse una consigna hipócrita: lo que digan las bases es lo que va.

Sin embargo, la Ley de Partidos puso en evidencia su disimulo, y cuando vieron la verdad, como si estuvieran en presencia del demonio, huyeron a guarecerse en modalidades más manipulables.

El PLD se tomó todos sus riesgos, pero fue una lucha tremenda, pues una parte no quería confiarse en que el universo de votantes escogiera sus candidatos a distintas posiciones, pero sobre todo a la Presidencia de la República.

Democracia, sí, pero controlada, conociéndose la arrancada e igual el final. Lo del pueblo, por el pueblo y para el pueblo sería demasiado. Como dar perlas a los puercos.

Nada más hay que observar cómo después de puesta en vigencia la Ley se maniobra para que su imperio no sea absoluto y se la condiciona de muchas maneras. Eso de tener que batirse en la Junta Central Electoral, en el Tribunal Superior Electoral y Tribunal Constitucional, y casi al mismo tiempo, no es una experiencia alentadora.

Las leyes no pueden tener vida propia, y todos los que les apuntan lo hacen a la cabeza.


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