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Puntos de vista viernes, 12 de abril de 2019

EL CORRER DE LOS DÍAS

El Bardo, versión de la muerte

MARCIO VELOZ MAGGIOLO
mvelozm@yahoo.com

El budismo tibetano ha sido el que con más diligencia se ha empeñado en estudiar la muerte y sus consecuencias posteriores en el espíritu de los que fallecen o están en vía de un trance “hacia una nueva reencarnación”.

Los filósofos tibetanos de la muerte y el más allá, definen el “Bardo” o los Bardos como el conjunto de situaciones materiales que ofrecen al espíritu dificultades para un paso a la liberación, o sea para el logro de una comprensión y uso de la luz que caracteriza los vacíos.

Cuando el ser humano se desprende de la vida material, su razón de ser debe ser orientada para llegar a la inmaterialidad mediante la renuncia a lo que la naturaleza le ofrece y ha ofrecido, y al deseo concretizado en formas materiales que se desharán siempre, a diferencia de la luz que caracteriza el alma de la creación, de la cual todos participamos. Bardo Todhol es un texto u oración explicativa, shamánica, que se dice al moribundo en el oído o en voz alta, para ilustrarlo, mientras agoniza, sobre el camino inmaterial que le espera y la lucha con los “bardos” o situaciones que le atraen hacia una nueva reencarnación, la cual puede evitar provisionalmente mediante las instrucciones del texto del Bardo Todhol, el que significa algo así como orientación oral sobre la muerte.

Se supone que la expiración no evita que el desencarnado siga escuchando y sintiendo, ya desde otro plano, lo que acontece en su entorno, donde la tristeza afecta más al alma desencarnada que a la de  los presentes. En general, el Bardo hace referencia al hecho de que entristecerse perturba el alma del moribundo o de su estado de inconsciencia. Bardo Todhol ha sido creado por el Gran Maestro hindú del siglo VII, Padmasanbhava, fundador del budismo en el Tíbet, aunque se dice que el Bardo Todhol o Libro Tibetano de los Muertos es una vieja creencia budista del Tíbet, donde tienen su raíz las primeras formas de meditación y los sonidos de mantras, como una manera de conseguir el “vacío” en aquél que ya venció todos los bardos y nada lo relaciona con los deseos y las formas materiales, por haber alcanzado una luz, luminosidad, una forma de luz, el nirvana, que es ajena a todas las formas de la materialidad y de los deseos mismos: la fusión con la totalidad creadora. Para los fines sociológicos vale decir que, en toda la frontera del Tíbet con China, numerosos creyentes conforman todavía el budismo arcaico, una de las ideologías o formas religiosas más complejas del mundo. Generalmente son los Lamas en función de shamanes, los llamados a instruir al moribundo y a mantener una relación con su alma hasta que se defina el futuro de ésta. El texto afirma la existencia de los elementos vitales y hace gráfica la explicación de cómo debe tratarse el cuerpo moribundo y de qué modo debe acondicionarse para que  la vida que se retira fluya con facilidad durante el último aliento vital, sin molestar al agonizante en el momento de la expiración.


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