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Puntos de vista viernes, 12 de abril de 2019

EL BULEVAR DE LA VIDA

Entre Bosch y Rubén Darío

  • Entre Bosch y Rubén Darío
Pablo Mackinney
pablomcKinney@gmail.com

Todo parece indicar que el sector peledeísta de Danilo Medina ha decidido cruzar El Rubicón que la segunda modificación constitucional consecutiva representa, descartada -hasta ahora mismo- la posibilidad de un acuerdo Medina-Fernández, mediante el cual los señores escogerían a un tercer hombre/mujer para presentarlo como precandidato presidencial a las bases de la organización.

No hay señales de acuerdo entre los señores que insisten en una guerra “de palitos chinos” que remite a “La guerra de los Rose”, aquel filme en el que cada miembro de una pareja de esposos, en medio de un divorcio, está dispuesto a matarse con tal de que el otro se muera. Así de desconfiados unos de otros, -desacreditando el camello que pronto intentarán vendernos-, andan los peledeístas, recelosos e inseguros como un Otelo que hubiera leído a Bosch.

Abril llega a la quincena, el presidente Medina no dice nada, pero los suyos lo dicen casi todo, pues dicen que los números legislativos sí les dan para modificar la Constitución, sobre todo porque lo de las dos terceras partes necesarias, no se refiere a la matrícula sino a los presentes en la Asamblea, y resulta que una colitis amebiana, un cólico nefrítico puede afectar a cualquiera e impedirle asistir a la Asamblea Revisora. Al fin y al cabo, como Groucho Marx, nuestra fauna política tiene sus principios y si a usted no les gustan, ella se los cambia por otros entre sesión y reunión.

Este es el escenario donde uno se encuentra con que, cual Fermina Daza, la de “El amor en los tiempos del cólera”, de García Márquez, a Leonel Fernández le está llegando la hora definitiva de preguntarse “con dignidad, con grandeza, con unos deseos incontenibles de vivir, qué hacer con el amor que se le (ha) quedado sin dueño”. El amor sin dueño del profesor Fernández serían los dos millones de firmas de apoyo a su candidatura, que se quedarían sin destinatario, pues todas las señales y sus más recientes palabras sugieren que no está el expresidente por la labor de apoyar una segunda modificación constitucional, para la que sería necesario dejar atrás compromisos, palabras empeñadas, juramentos y acuerdos alcanzados entre los dos grupos para lograr la primera modificación. Mientras tanto, Rubén Darío insiste en afirmar que “está linda la mar” y Juan Bosch nos recuerda... “si me engaña una vez...”.


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