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Puntos de vista miércoles, 13 de marzo de 2019

PASADO Y PRESENTE

Duartistas versus afrancesados

  • Duartistas versus afrancesados
Juan Daniel Balcácer
jdbalcacer@gmail.com

El regreso de Duarte al país -a mediados de marzo de 1844-, así como su inmediata incorporación a las actividades políticas, trastornaron los planes del sector conservador que procuraba negociar con Francia la Bahía de Samaná, a cambio de un protectorado. Tal circunstancia permitió que el partido nacionalista, que desde mediados de 1843 había perdido su rol hegemónico, comenzara a fortalecerse a despecho del revés provocado por la Resolución del 8 de marzo, que -como se sabe- Francisco del Rosario Sánchez (entonces en minoría en el seno del gobierno) se vio compelido a firmar, cosa impensable de producirse si el fundador y líder de La Trinitaria hubiese estado en Santo Domingo. Pero la noticia de que los haitianos habían invadido el territorio nacional ocasionó la posposición de las negociaciones con el cónsul francés, las cuales al cabo de poco tiempo tomaron un giro diametralmente opuesto al designio oficial, a raíz de la firme oposición hecha por los trinitarios.  

Guerra y política
El triunfo de las armas criollas, lo mismo en Azua que en Santiago, al igual que la presencia de barcos franceses en aguas dominicanas, fueron factores determinantes para que, por breve tiempo, se detuvieran las incursiones armadas por parte de los haitianos. Este cambio transitorio de actitud también obedeció al hecho de que, en el seno de la clase política haitiana, se originaron profundas contradicciones entre facciones que pugnaban por el control del gobierno en Haití, dando lugar a una crisis poco auspiciosa para el presidente Charles Herard, todavía acampado en Azua a la espera de refuerzos. Mientras, por un lado, la crisis política haitiana alejaba temporalmente a sus dirigentes de las pretensiones imperialistas tendentes a mantener al pueblo  dominicano sometido a lo que ellos llamaban “la unidad nacional”, por el otro lado, en Santo Domingo, los conflictos entre trinitarios y conservadores, en parte atenuados por virtud de la guerra con Haití, no tardaron en agudizarse a un punto tal que, en esta nueva fase, tales diferencias pasaron al ámbito de la acción política, esto es, que el enfrentamiento entre duartistas y afrancesados pasó de la esfera teórica al terreno de la praxis. Y las consecuencias de ese choque político-ideológico resultaron letales para los jóvenes revolucionarios aglutinados en el partido trinitario que fundó y dirigió Juan Pablo Duarte.


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