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Puntos de vista martes, 12 de febrero de 2019
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EL BULEVAR DE LA VIDA

Bipolaridad gubernamental

  • Bipolaridad gubernamental
Pablo McKinney
pablomckinney@gmail.com

DR. JEKYLL Y MR. HYDE.- En su A. M del lunes, mi dilecto y muy admirado Adriano Miguel Tejada, sin miramientos ni disimulo, me robó la idea de este bulevar “justo antes de que a mí se me ocurriera”. Tiene razón el ilustre e ilustrado mocano: El superior gobierno anda en plan Dr. Jekyll y el malvado señor Hyde, convertido en un paciente terminal de la bipolaridad más extrema. La asignación del 4% para la educación NO universitaria y, al mismo tiempo, la permisividad más absoluta para la proliferación sin orden ni fiscalización de bancas de apuestas legales o ilegales son un doloroso ejemplo de lo que digo, pero hay más. Los esfuerzos de INDOTEL -incluida su mesa de negociación de los actores del sector y sus celos por proteger a los usuarios de los servicios de telecomunicaciones, son el bueno del Dr. Jekyll, mientras el crecimiento geométrico de los puntos de drogas en los últimos 20 años son el malvado señor Hyde.

BANÍ COMO EJEMPLO.- A pesar de la jornada de tanda extendida, los nuevos planteles, o la mejoría en las condiciones laborales de los docentes, poco puede avanzar la educación de un país si al salir de su clase, el niño vuelve al barrio bajo el liderazgo, no del maestro ni del cura, sino del solidario señor don narcotraficante y sus puntos. Para qué servirían las clases de moral y cívica, la de valores de buen comportamiento social que se podrían enseñar a un niño en la escuela, si la jodida realidad del barrio va a desmentir todo lo que le puedan contar en el aula. En los últimos seis años -es un ejemplo-, en Baní se han construido más escuelas que en toda la historia del pueblo. Sin embargo, mientras los planteles escolares se multiplicaban como la verdolaga, el microtráfico de drogas hacia lo mismo y tomaba el control de los barrios pobres en casi absoluta complicidad de parte de las autoridades y una total impunidad para todos los delincuentes por acción o por omisión, y al senador Guerrero Dumé me remito que durante los últimos 12 años lo denunció -por lo menos- unas mil veces, pero a nadie le importaba. Y casi todos andábamos como los monos de Gibraltar “cerrando los ojos para no mirar”.

LA GRAVEDAD DE LA BIPOLARIDAD.- Así, el bueno del Dr. Jekyll gubernamental amplia la cobertura del Seguro Nacional de Salud hasta cifras impensables hace apenas 14 años, a través del Ministerio de Obras Públicas auxilia a un millón de dominicanos y sus vehículos en las carreteras, perfecciona las acciones de cristiana solidaridad de los programas del gabinete social de la Vicepresidencia, y de la mano de la primera dama, doña Candy, crea los centros de atención integral para la Discapacidad (CAID), y hasta esas caricias de Dios y la María que son las estancias infantiles. Pero al mismo tiempo, el mismo Jekyll convertido en el facineroso señor Hyde, nos va inundando calles, barrios, colmadones, galerías y marquesinas, de unas bancas de apuestas, (lotería, deportivas, hípicas) que, como los puntos de drogas, son socialmente dañinos y sólo se sabe que son muchos, pero nunca exactamente cuántos. Ambos, puntos de drogas y bancas de apuestas, lideran la vida social y económica de los barrios pobres y de muchos otros que no lo son tanto.

NO LLAMEN A KEYNES, LLAMEN A FREUD.- El señor Hyde de nuestro gobierno no está por la labor de organizar ni regular las bancas, para lo que siempre tiene un “vengo ahorita”. Tan poderosas e influyentes son las bancas de apuestas en el país, que ellas son él único “negocio” cuyos propietarios inciden directamente en las decisiones del Congreso Nacional, pues muchos dueños de esas bancas de apuestas son honorables legisladores, electos democrática, transparente y muy legalmente por los votantes dominicanos que ya serán algún día ciudadanos de una república. Aunque crezca como China y su macroeconomía sea mas estable que un matrimonio por dinero, pobre del país que tiene más puntos de drogas que hospitales, clínicas y estancias infantiles juntas, y más bancas de apuestas que escuelas. Al paso que va, con su pragmática bipolaridad -que tan buenos resultados electorales le ha dado-, a quienes tarde o temprano necesitará el gobierno no será a Jaques Attali, Paul Krugman ni a Piketty, (como era nuestro temor), sino al psiquiatra José Miguel Gómez, a Walter Riso y a Boris Cyrulnik.

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