EL DEDO EN EL GATILLO
El Naco de los noventa
Todavía se me aguan los ojos cuando recuerdo a Danilo García. Fue un gran amigo cuyos consejos todavía resuenan en mi mente. Su tienda de revistas “Geyda” (en alusión a las dos primeras letras de los nombres de sus hijos Gema y Danilo) llegó a ser el centro de mi mundo.
Ubicada en un pasillo de Galerías Naco, en plena avenida Tiradentes, no solo fue el lugar donde pude vender algunas copias de mi primer libro de poemas publicado en la República Dominicana (Libro de Luis Ernesto), sino que era una plaza concurrente para compartir experiencias y escuchar los consejos de aquel hombre bueno que me permitía leer la prensa y principales revistas internacionales.
Una vez le propuse colocar a la venta algunos sobres con sellos postales dominicanos, y él se rió en mi cara, no como burla, sino proponiéndome que no lo comprometiera con ese tipo de comercio. Al llegar de Cuba con su familia y carecer de contactos para obtener un empleo fijo, alguien le sugirió que en la Sociedad Filatélica Dominicana le pagarían un dinero por la colección de sellos. Así lo hizo. Y una mañana de domingo, al mostrarles su oferta a varios coleccionistas, estos solo le ofrecieron unos pocos pesos por ella. Decepcionado, salió de allí y en el primer zafacón de basura que encontró en la calle, echó la funda con su colección de sellos. Después de narrarme su experiencia, le expliqué que le habían indicado mal, pues aquel no era el sitio apropiado para vender colecciones de estampillas. Danilo me miró de reojo, y cambió el tema.
Su hija Gema era el centro de sus conversaciones. Él se presentaba como su Secretario Político y le procuraba encuentros con diversas personalidades que entonces acudían a su negocio en busca de publicaciones recientes. Su boda con un familiar cercano a las altas esferas del gobierno de la época lo llenó de emoción. Y su temprano fallecimiento en un lamentable accidente de tránsito, destruyó su vida. Ella fue la primera mujer nacida en Cuba en ser electa como Diputada de la República Dominicana.
Me confió un secreto que, si ahora reproduzco es para que el lector advierta por qué los cubanos emigrantes debemos cruzar por caminos empedrados. Al reproducirlo, no se mencionan nombres en honor a la amistad entrañable que me unió con ambos compatriotas.
Esta es la historia: El padrino de su unión matrimonial fue un altísimo funcionario del Gobierno Dominicano, por lo que Gema consideró que el presente que le aportaría por su casamiento sería una alta suma de dinero para su luna de miel. Antes de partir al compromiso, llegó a la casa del recién inaugurado matrimonio un enviado del Palacio de Gobierno con una funda herméticamente cerrada, llena de billetes. Ella, nerviosa, fue a la habitación y rasgó en sobre para contar el monto recibido. Y al final, no lo pudo creer. El regalo de bodas fue un fajo de 500 papeletas de un peso cada una, usadas todas, para que abultaran más. Ese fue uno de los recuerdos que más conmovió a Danilo en sus años de vida. Todavía hoy me parece una espléndida historia para escribir una pieza literaria.

