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Puntos de vista domingo, 20 de enero de 2019

EL DEDO EN EL GATILLO

El rey Midas

  • El rey Midas
Luis Beiro
luis.beiro@listindiario.com

El poeta Mateo Morrison y quien esto escribe mantenemos nuestros propios criterios sobre el trabajo cultural y la proyección individual de los escritores. No obstante la no similitud de nuestros puntos de vista no me ciega. Nunca dejaré de reconocer que fue un aliado  para mí, en una etapa muy dura de mi vida.

Recién llegado al país. él me llevó de la mano a un importante sector de la cultura dominicana.

Por aquel entonces, Mateo era algo así como el rey de la cultura de la UASD a pesar de que andaba a pie y vestido con el uniforme de los que nada tienen que perder. Los rectores de esos años lo respetaban y lo tomaban en cuenta.

Entre algunas de las buenas amistades que logré gracias a él, se encontraba Humberto Frías, director del Cine Club Universitario y tal vez el intelectual más polémico de su generación.  

Siempre trató de que mi estancia fuera feliz: “Ahí llega Mateo con su vozarrón”, me decía Silvano Lora cuando lo descubría  en tertulias y reuniones de amigos. Siempre fue respetuoso y solidario y casi todas las noches me procuraba para apuñalar la noche cultural.

Tampoco podré olvidar su trato deferente con mi esposa, tanto aquí como cuando me visitó en La Haban,a un año después. En 1990 le publicó una página del suplemento cultural Aquí, del periódico “La Noticia”, con sus poemas. Fue la única vez que mi esposa pudo ver en letra impresa algunos de sus textos escritos cuando todavía la lucidez iluminaba su inteligencia. Ese mismo año, antes de regresar a La Habana, nos acogió en su modesta vivienda para que pasáramos con su familia nuestra última noche quisqueyana. Allí, su esposa nos preparó el mejor sancocho que he comido en mi vida.

Un año después, se apareció en mi apartamento habanero con algunos regalos suyos y de amigos dominicanos que mucha falta le hacían a mi familia. Y compartimos algunos días en mi tierra natal. En aquella ocasión conocí que en la República Dominicana existía el desabastecimiento de ciertos alimentos por lo que le procuré un poco de algunos de los restringidos por mi tarjeta de racionamiento.

Fue inolvidable aquella anécdota que compartimos en ocasión de la visita a Santo Domingo de Oswaldo Guayasamín. El maestro ecuatoriano pidió visitar todas las exposiciones de artes visuales en cartelera para conocer más de cerca la obra de los artistas dominicanos. Una de las muestras que más lo cautivó fue la del pintor Antonio Guadalupe. Quedó sorprendido por su obra y pasó mucho tiempo  disfrutando la técnica del mocano, de quien profirió frases de elogio y pidió conocerlo. Unos días después, el maestro Ramón Oviedo  inauguró una muestra individual en el Museo de Arte Moderno. Guayasamín admiró también la obra de nuestro gran pintor pero, a su modo de ver, lo plasmado en sus lienzos tenía cierta influencia de Guadalupe.

-No, maestro, es al revés. Guadalupe es un gran pintor también, pero es un seguidor de Oviedo. Ese es el verdadero maestro –alguien le dijo y el ecuatoriano lo podía creer. Se echó a reír como un muchacho.